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Autor Tema: Detectan "niveles elevados de radiactividad" en la central nuclear de Sellafiel  (Leído 1661 veces)

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maria urizar

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 Detectan "niveles elevados de radiactividad" en la central nuclear de Sellafield, en Reino Unido

La central nuclear de Sellafield (Reino Unido) ha recomendado a la mayoría de sus trabajadores no ir al trabajo por el aumento de la radiactividad. El aumento ha sido registrado en una parte de la central, que está parcialmente cerrada.

La gerencia de Sellafield ha asegurado a los ciudadanos que los niveles de radiación "son mucho más bajos del mínimo necesario para hacer algo especial" o anunciar el estado de emergencia. Aparte del aumento registrado, la central funciona normalmente, según la administración.

Parte de la zona afectada ha sido cerrada para la investigación, y la administración recomendó que solo los empleados clave vayan a trabajar.

La central de Sellafield se encuentra cerca de la ciudad de Seascale en Cumbria, en el noroeste del Reino Unido.  Después de producir energía nuclear, plutonio para armas nucleares y combustible para otras plantas nucleares, la central ahora se dedica al procesamiento de residuos radioactivos.
 
En 2012 se anunció el inicio de su cierre debido a la contaminación del entorno y a amenazas terroristas.  Los dos almacenes de residuos radiactivos más peligrosos de Europa pertenecen a esta central y se han registrado varios casos de escape.
Pese a los problemas con Sellafield, el Gobierno de David Cameron no descarta la posibilidad de construir tras su cierre una nueva central. Esta probabilidad es apoyada por los empleados que no quieren perder su trabajo.

http://actualidad.rt.com/actualidad/view/118591-reino-unido-nuclear-radiactividad-central
Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/118591-reino-unido-nuclear-radiactividad-central

maria urizar

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http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com.es/2011/09/windscalesellafield-el-chernobil.html

martes, 20 de septiembre de 2011

Windscale/Sellafield, el “Chernóbil” británico

En esos tiempos que corren, a más de seis meses del accidente de Fukushima, ya calificado como el más grave de la era industrial, y con los reactores averiados de la central nipona aún soltando veneno radiactivo a la atmósfera, conviene recordar otro gran accidente muy poco publicitado por nuestros medios: el de la planta británica de Windscale (después rebautizada como Sellafield), en 1957. Y es que nuestros medios han vuelto al unísono a hablar del desastre de Chernóbil para tapar el gigantesco alcance del accidente de Fukushima, y así intentar seguir difundiendo la falsa idea de que sólo se averían las centrales nucleares de los países comunistas o las de los que están en vías de desarrollo. Pero nada más lejos de la realidad: ahí está el gravísimo accidente de Windscale en la muy capitalista y avanzada Gran Bretaña para desmentirlo y ahí está (todavía humeando) la catástrofe de Fukushima, en el país que supuestamente representaba la eficiencia de la economía de mercado. El caso es que es un hecho incontestable que la radiactividad mata, y no sabe de fronteras, ideologías, ni gobiernos.

El incendio de Windscale

Antes del gran desastre de Chernóbil en 1986 uno de los mayores accidentes nucleares de la historia se había producido en Cumbria, noroeste de Inglaterra.
Allí estaba ubicada la planta de Windscale en 1957, junto a la aldea de Seascale, en la costa bañada por el Mar de Irlanda. La planta de Windscale  no estaba refrigerada por agua sino por aire que era tomado del exterior por un grupo de grandes ventiladores que lo inyectaban en canales de grafito donde se insertaban las barras de combustible y el aire caliente salía al exterior por unas chimeneas. Este sistema de refrigeración es típico de la industria nuclear británica.

Gracias a la insistencia de Sir John Cockcroft se instalaron filtros en las salidas de aire. Éstos se construyeron cuando las obras de la planta (que se llevaron a cabo de manera muy apresurada) ya estaban muy avanzadas y fueron un quebradero de cabeza para los ingenieros, que los consideraban innecesarios y, por tanto, una pérdida de tiempo y de dinero. Los técnicos y los obreros a menudo bromeaban sobre los filtros, unas casetas de hormigón construidas en lo alto de las chimeneas, a 120 m. de altura, llamándolos “Sir John Cockcroft’s folly”, algo así como “la chaladura de Sir John Cockcroft”. El caso es que “la chaladura de Sir John Cockcroft” evitó que el accidente de Windscale tuviera más alcance del que tuvo.

Otra importante peculiaridad de la planta nuclear de Windscale es que no era una instalación para usos civiles o pacíficos, p. ej., para producir energía eléctrica, sino que era un complejo militar en el que se producía plutonio para usarlo en las primeras bombas atómicas que estaba desarrollando el ejército británico. En efecto, el gobierno inglés viendo la ventaja que les llevaban los americanos y los rusos en el campo de las armas nucleares, se apresuró a fabricar plutonio para no quedarse atrás y entrar en el selecto club de las superpotencias. Pero los ingleses tenían menos experiencia que los rusos y los americanos en este terreno y no sabían mucho del comportamiento del grafito sometido a los neutrones. A propósito de esto último, el físico húngaro-americano Eugene Wigner había descubierto que este material sometido al bombardeo de neutrones sufría una dislocación en su estructura cristalina, dando pie a bruscos incrementos de energía.

Las verdaderas causas del incendio de Windscale no están del todo claras. Algunas fuentes apuntan a una súbita subida de la temperatura como consecuencia del fenómeno descrito por Wigner. Otras al afán del Reino Unido por ponerse al nivel de los americanos que acababan de probar con éxito una bomba termonuclear de tritio; el tritio necesita mucho calor para obtenerse por lo que había que bajar la ventilación con el consiguiente menoscabo de las medidas de seguridad. Otras hablan de un error de uno los físicos que trabajaban en la central unido a lo precario del equipamiento de la época (no había manual de ayuda y las mediciones de los instrumentos no era demasiado precisas). Lo cierto es que el núcleo del reactor número 1 de Windscale salió ardiendo el 8 de octubre de 1957. Ante este grave suceso, la actuación de los responsables fue (como en el caso de Chernóbil y de Fukushima) de lo más chapucera. Primeramente, el reactor estuvo ardiendo sin que nadie se diera cuenta durante 42 horas. Cuando el personal de la planta se percató del incendio del reactor, el núcleo estaba ya a punto de fundirse. Eso fue el 10 de octubre. Para apagarlo los técnicos primero usaron el viento de los ventiladores pero lo único que se consiguió fue avivar las llamas. Luego se usó dióxido de carbono líquido pero tampoco resultó. Por último se decidieron por el agua (como se hizo en Chernóbil), a sabiendas de que esto podría hacer explotar el reactor. Se arriesgaron a producir una “ola gigante” que extinguiera el incendio… y tuvieron éxito, aunque por los pelos.

Por suerte, los filtros del chalado de Sir John Cockcroft evitaron que buena parte de los isótopos letales salieran a la atmósfera Sin embargo, hubo liberación de cierta cantidad de material radiactivo al medio ambiente. No se sabe exactamente cuánto porque las autoridades británicas llevaron el asunto con el mismo secretismo que las soviéticas durante la catástrofe de Chernóbil en 1986. Sin embargo, fue muy curioso que al día siguiente a la extinción del fuego se prohibiera consumir leche en un área de 36 km² alrededor de la planta y a los dos días el área se extendiera a nada menos que… ¡500 km²! La prohibición estuvo vigente durante casi un mes. Se llegaron a destruir más de 2.000.000 de litros de leche. La razón era que uno de los isótopos más cancerígenos liberados tras los accidentes nucleares, el cesio 137, es incorporado muy fácilmente por las vacas al comer pasto contaminado y acaba en la leche que consume el ser humano. Este radioisótopo se fija en los tejidos blandos como los pulmones, el hígado y los riñones produciendo en muchos casos cáncer. Aún así, a la población no se le informó ni se la evacuó por lo que estuvo expuesta a la acción de otro radioisótopo, el yodo 131, que a pesar de tener una vida corta apenas 8 días es tiempo suficiente para ser absorbido por la glándula tiroides, una glándula que necesita asimilar yodo, produciendo en muchos casos cáncer de tiroides. Para prevenir eso, en caso de fugas radioactivas, las autoridades suelen poner en circulación unas pastillas de yodo para saturar esta glándula con yodo no radiactivo y evitar que se incorpore a nuestro cuerpo el yodo 131. Pero en el caso de Windscale nada de esto se hizo y en los años posteriores a la fuga nuclear los casos de este tipo de cáncer en la zona cercana a la planta se multiplicaron; tanto que las autoridades tuvieron que reconocer 240 casos de cáncer de tiroides directamente causados por el accidente de Windscale, y ello a pesar de que en el informe realizado tras la investigación oficial (que se hizo público expurgado) se aseguraba que “la probabilidad de que alguien sufriera algún daño en su salud era casi insignificante.” El accidente, por cierto, fue catalogado de nivel 5 en la escala INES (Internacional Nuclear Event Scale) que tiene un máximo de 7.

Al final, como en Chernóbil, todo se enterró en cemento. Los restos del reactor averiado, altamente radioactivos, se cubrieron con una gruesa capa de cemento y hoy reposan en lo que era la planta de Windscale, que fue rebautizada con el nombre de Sellafield para intentar borrar así el recuerdo de aquel nefasto accidente.

maria urizar

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http://www.telegraph.co.uk/news/uknews/8138367/Organs-of-nuclear-workers-secretly-harvested-for-40-years-report-finds.html

Órganos de  trabajadores nucleares alamacenados en secreto durante 40 años, según un informe
Las familias de decenas de trabajadores de la estación de energía nuclear, cuyos corazones, pulmones y otros órganos fueron almacenados y analizados en un período de casi 40 años en secreto fueron abandonados por las autoridades, un informe, dijo ayer.

A los familiares rara vez se les decía que los órganos de sus seres queridos iban a ser eliminados , y como resultado las familias enterraban o incineraban cuerpos incompletos .
En muchos casos, la verdad es que sus órganos habían sido sustraídos de manera ilícita y luego destruidos en el proceso de prueba surgió sólo muchos años más tarde.
La investigación de tres años y un año y medio realizado por Michael Redfern , QC, de eventos cubiertos , repartidos en casi cuatro décadas.
Entre 1960 y 1991, los órganos fueron tomados de 76 personas que habían trabajado en las plantas nucleares en Gran Bretaña .
De ellos, 42 habían sido empleados en Sellafield , el resto  Springfields en Lancashire, Capenhurst en Cheshire, Dounreay en Escocia, y Aldermaston en Berkshire.
Sr. Redfern , quien dirigió la investigación sobre la retención de partes del cuerpo infantil en Alder Hey Hospital de Niños , Liverpool, hace 10 años , culpó por el último escándalo en gran medida a la entrada de profesionales de la salud y de la industria nuclear.
Habían trabajado juntos de manera informal para reunir una gama de "extraordinaria" de los órganos.
En particular , condenó el comportamiento del Dr. Geoffrey Schofield , el ex director médico de Sellafield , en Cumbria , y la red de médicos forenses y patólogos con los que trabajó .
Dr. Schofield , quien trabajó en la planta entre 1958 y 1985 , utilizó "arreglos informales" , constituyendo una red de médicos forenses y patólogos para que sea más fácil para él obtener órganos.
En la ocasión, dijo el señor Redfern , esto le llevó a tomar "medidas un tanto dudosas " .
Los profesionales de la salud involucrados en el escándalo ignoraban rutinariamente las normas que regulan la extracción de órganos .
A veces, estos fueron extraídos a pesar de que no podéna haber tenido ningún posible relevancia en la causa de la muerte.

Los familiares se quejaron de que los patólogos habían tratado efectivamente los cuerpos de sus seres queridos como "commodities" .
Ocasionalmente los huesos  fueron reemplazados con mangos de escobas " para dar la apariencia de normalidad en el funeral " .

" La eliminación y el análisis de los órganos para auténticos motivos  ocurrieron en relativamente pocos casos. En la mayoría, era innecesario o inapropiado.
" Los familiares rara vez se les pide su consentimiento. Como resultado , las familias enterrados o incinerados cuerpos incompletos y muchos de los que han descubierto la verdad , años más tarde, han sido muy angustiado " .
Sr. Redfern dijo que las familias habían sido particularmente defraudados por los patólogos que realizaron autopsias en sus parientes . La mayoría de ellos se basaron en el Hospital West Cumberland.
" Ignorante de la ley, le quitaron los órganos para el análisis sin asegurárse de que se había obtenido el consentimiento de los familiares . "
Algunos familiares dijeron después que ellos siempre habían sospechado que la industria nuclear del Reino Unido tenía la intención de garantizar no se estableciera  ningún vínculo  entre la muerte de un empleado y de sus actividades.
Ellos esperaban que las autoridades  protegieran tanto sus intereses como  los intereses de sus seres queridos.
"Ahora sabemos que el ` club de hombres de edad entre ` los patólogos y médicos forenses y los científicos en la industria nuclear no hizo esto .
" El papel de estos servidores públicos debe ser de especial interés para todos nosotros, porque ellos escucharon a los representantes de las organizaciones nucleares del Reino Unido en lugar de tomar en cuenta las preocupaciones de las familias y los intereses de la sociedad en su conjunto , incluso hasta el medida de retrasar las autopsias y la organización de autopsias segundo mensaje con el fin de tomar los órganos de nuestros seres queridos.
" Los médicos forenses y patólogos , en particular , deberían haber sido imparcial , pero no única decepción estas familias , que a veces los engañaron . "
Angela Christie , cuyo padre , Malcolm Pattinson, luego de 36 años, murió de leucemia aguda myloid en 1971 , dijo que los familiares estaban todavía " infelices y muy sorprendidos " por el informe.
Y agregó: " Algunas de las familias van a pedir que se reabran lso sumarios . Ellos piensan que el informe no ha ido lo suficientemente lejos .
" Algunas de las familias no se sienten satisfechos de que todas sus preguntas han sido contestadas . Ahora vamos a seguir el consejo legal y cada familia a decidir qué hacer a continuación .
"Es muy molesto. Nos sentimos violados " .
 Nadie ha sido sancionado más de sus acciones.
Sr. Redfern dijo el Dr. Schofield había sido " el motor " detrás de la obra post mortem en Sellafield .
Cuando murió en 1985, su análisis de los órganos fue asumida por el Dr. Adam Lawson , que había sido oficial médico en la planta. Se retiró en 1990 .
Un total de 53 de las autopsias de los ex trabajadores de Sellafield fueron manejados por médicos forenses sucesivos de West Cumbria : Hubert Gough y Adrian Walker , ahora muertos , y John Taylor , que ya no está en el puesto.

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