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Autor Tema: Los rendimientos decrecientes.  (Leído 2351 veces)

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tomasjos

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Los rendimientos decrecientes.
« en: Octubre 31, 2011, 00:53:10 am »
Crossposteo un artículo enlazado por Nostrasladamus en Burbuja. Nostrasladamus, perdone que se lo copie pero creo que tiene mucho interés y usted aun no anda por aquí para poder enlazarlo -aunque espero que eso cambie en las próximas 48 horas  ;)-. Agradezco la comprensión por anticipado.

http://www.heterodoxia.info/?p=1442

En el colegio donde estudian mis hijos han implementado un novedoso sistema para pagar la comida en el comedor. A cada niño le dan un “chip” RFID y cada vez que pasa con la bandeja por un arco que han instalado a la salida del área donde sirven la comida le descuenta los cinco euros que vale. El chip se recarga por internet en un sitio web donde hay que meter el número de serie del chip — a menos que usted disponga de un lector USB de chips RFID en su ordenador — luego debe dar un número de tarjeta de crédito o cuenta bancaria para acto seguido introducir la cantidad a precargar en el chip. Antes de hacer nada de esto usted se ha tenido que dar de alta en la página web, introducir su nombre de usuario, password, nombre, dirección, escuela, etc,etc. Al cabo de un rato llega un mail pidiendo confirmación donde hay que picar sobre un link que le lleva a otra página web donde se cierra la transacción. Eso si usted ha dado una cuenta de banco. En caso de tarjeta de crédito la cosa es un poco diferente, ya que con anterioridad a todo esto debe usted darse de alta en un tinglado que se llama Verisign, desde donde le envían un SMS a su móvil con una clave. Cuando llega el email usted debe meter la clave en la página a donde le ha llevado en link para completar la transacción. Ahora si usted decide pagar con PayPal debe ir a la página de PayPal donde debe recargar su cuenta con la tarjeta de crédito para luego recibir un mail de confirmación donde debe meter el código que llegó por SMS y finalmente proceder a recargar el chip RFID de su hijo con el número de cuenta de PayPal de forma que el pobre pueda comer en el comedor de la escuela.


Ya llevábamos media hora tratando de “recargar” el dichoso chip de mi hijo y todavía faltaba el de mi hija. Entonces pregunto:

-  ¿ Pero se puede pagar en efectivo  ?

A lo que mi hijo responde:

-  Si.

Pues toma el dinero para la semana y pídete lo que más te apetezca o te hacemos un bocadillo y fuera.

-  Y yo y yo, dice mi hija.

Tu también princesa, toma aquí tienes.

¿ Por qué cuernos algo que es tan sencillo como pagar en efectivo es substituido por semejante tinglado y encima lo venden como una mejora ?.

Otra.

Donde vivimos ahora tenemos lavavajillas. Vamos aquello no limpia los platos ni “pa-tras”. La conversación con mi mujer es más o menos la siguiente.

- Es que esto deja los platos sucios

- Claro es que no les pasas un agua antes de meterlos. Dice mi mujer

- No si les pase un agua, digo.

- Debe ser que nos les pasaste “bien” el agua, hay que quitarles toda la comida que tengan pegada.

- O sea, los lavo ¿no?.

- No, no es “lavarlos” es pasarles un agua “bien”.

-  Pero mira estas ollas, salen asquerosas.

-  Es que las ollas hay que lavarlas “aparte”.

-  Y estos vasos están pringados de grasa y cal.

-  Claro es que no has puesto el “abrillantador”

-  Y el dichoso lavaplatos huele a rayos.

-  Es que no le pones el producto de limpieza.

-  ¡ Este cacharro es un timo hombre !

-  No, no es un timo, mi hermana tiene uno y está muy contenta.

Resulta que para hacer funcionar el cacharro primero hay que “pasarle bien un agua a los platos”, poner el jabón, el abrillantador, la sal en no sé dónde y cada tantos lavados hay que comprar un tratamiento de desinfección que viene en un bote y echárselo. Eso sí: cuando  “se le pasa el agua bien” los platos salen limpios.

Mi formación de ingeniero me impulsó a investigar el por qué el lavavajillas es un aparato tan “ñoña” , y que mejor que investigar cómo funciona un lavavajillas de los que utilizan los que viven de esto, es decir: restaurantes y hoteles. Pues resulta que un lavavajillas profesional – o sea de los que si funcionan – tiene una bomba de alta presión que lanza potentes chorros de agua a unos cuantos bares contra los platos, esta bomba es redundante, el lavavajillas trae un descalcificador o una pequeña planta de ósmosis inversa para descalcificar el agua y no manchar de cal los platos. Lleva una soplante de aire caliente para el secado, bombas dosificadoras de productos químicos donde se conectan las garrafas de jabón y un desinfectante muy potente ya que cada tantos lavados realiza un ciclo de desinfección.  Por otra parte el desagüe de dicho aparato posee un triturador eléctrico para moler todos los restos de comida antes de enviarlos al desagüe y así evitar embozamientos y malos olores. Total que esta maravilla de la tecnología vale entre dieciocho y venticuatromil Euros.  Eso sí: deja los platos que “pa que”. Un lavavajillas industrial más o menos decente  junto con sus equipos auxiliares ocupa una superficie  de unos dos por dos metros y requiere la visita periódica de un técnico que sepa.

El lavavajillas doméstico funciona con la presión de la red, es decir unos dos bares en lugar de veinte, posee un  descalcificador de juguete — ese agujero donde se pone la sal –, no tiene triturador y de ahí los malos olores y seca con una resistencia en lugar de con una soplante y de ahí su enorme gasto de energía. Vamos: un timo.

- ¿ Por que ?.

- Porque el que funciona de verdad vale veinticuatromil más trescientos al mes de mantenimiento. El de la cocina vale setecientos Euros.

- ¿ Por que las personas compran el de la cocina ?.

- Porque no tienen dinero ni sitio para el que si sirve.

- ¿ Y porque no lavan los platos a mano, total no son tantos y de todas formas “hay que pasarles un agua bien pasada”…o sea: lavarlos.

- Porque les han vendido que con este cacharro de setecientos Euros “no tendrán que lavar los platos”.

- ¿ Y porque alguien vende algo que funciona tan mal e inclusive crean una industria alrededor de esto ?.

- Porque “se vende” y sube el PIB.

De esto van precisamente los rendimientos decrecientes: en lugar de pagar en efectivo pago con un chip que a su vez pago con una cuenta de PayPal que a su vez pago con una tarjeta de crédito que a su vez pago con una cuenta bancaria y también tengo que tener ordenador, ADSL, antivirus, etc. O en lugar de lavar los platos a mano en un momento  los lavo con una maquineja donde antes de meterlos hay que “pasarles bien un agua….. pero bien, bien”, no lava ollas ni sartenes y hay que comprar además unas pastillas “especiales” de jabón, abrillantador, sal y desinfectante para los malos olores. Luego la máquina se tira un par de horas erre-que-erre.

La ley de los rendimientos decrecientes es universal y se aplica a todo. No produce el mismo beneficio ni utilidad el tomar un vaso de agua luego de estar perdido en el desierto  que tomarse un vaso de agua después de haber tomado otros cincuenta. Es más: probablemente esa agua ya comience a hacer daño. Todas las necesidades se satisfacen de esa forma: asintóticamente. El primer vaso luego de salir del desierto sabe a gloria, el segundo y hasta un quinto también.  A partir del séptimo ya la cosa aburre y con toda seguridad el veinteavo ya comienza a repugnar para comenzar a ser un peligro para la salud cuando se llega al número cuarenta.

Eso es lo que pasa cuando se quiere satisfacer una necesidad y una vez satisfecha se quiere seguir con lo mismo de siempre. El síntoma inequívoco es que comenzamos a hacer exactamente las mismas cosas de antes pero de una forma endemoniadamente complicada, como en lugar de pagar en efectivo en el comedor paguemos con un chip que…bueno, ya sabéis de que va. Esto provoca que el sistema no sea “mejor” en realidad provoca que el sistema sea más débil ya que al aumentar la complejidad y poner de por medio mas y mas cosas,  al fallar cualquiera de ellas falla todo. Yo les doy dinero a mis hijos, ellos pagan en el comedor y comen. De la otra forma para que ellos puedan comer la conexión a Internet de mi casa debe funcionar, el servidor de la escuela debe funcionar, el de PayPal también, el de la tarjeta de crédito, el del banco, debe haber electricidad,  el arco que lee los chips debe funcionar y poder comunicarse con el servidor del cole para descontar el saldo. Vamos: un milagro que los niños puedan comer.  ¿ Todo esto para nada ?, si para nada menos para el que le vendió la fantasmada de los chips al cole: su negocio funciona y genera PIB. Este es un negocio que vende rendimientos decrecientes. ¿ Por que ?, porque algo habrá que vender ¿no?.

Otra característica de un sistema en rendimientos decrecientes es que se piensa que sus problemas no provienen de querer hacer lo mismo de siempre pero de una forma más complicada, piensan que el problema es que no lo hacen  lo suficientemente rápido. Entonces la cosa es peor ya a al mismo tiempo que intentan hacer lo mismo de antes pero con más complicación intentan hacerlo más rápido y sin madurar el asunto, por lo que todo comienza a salir mal.

Llevamos décadas metidos en una espiral de rendimientos decrecientes. Yo me atrevería a decir desde finales de la década de los setenta y todo el tinglado hace eclosión en estos días. Solo hay que mirar alrededor y percibir la complicación existente hasta para las cosas más simples.

No debemos confundir el desarrollo tecnológico con la satisfacción de las necesidades humanas, no tiene nada que ver. Internet está ahí, es un gran vehículo para aprender lo que sea y para un sin  número de cosas, pero es un pésimo instrumento para pagar la comida del cole.

La dinámica de los rendimientos decrecientes lleva a la sociedad a siempre mayores niveles de complicación y velocidad,  llegando a convertirse en una especie de sociedad maníaca donde todo es un galimatías veloz y el resultado siempre es el mismo: mal.

Hace sesenta años habían colas de dos años para adquirir un coche, ahora los fabricantes persiguen con propaganda, promociones, planes especiales, viajes a no sé donde a los consumidores que no necesitan de tantos coches, que ya no caben en las calles ni en las aceras y que en realidad se han convertido en un incordio por aquello del aparcamiento. Al mismo tiempo las fábricas de coches siguen con la producción a todo gas. Ellos mismos saben que sobra el veinte por ciento de la producción y solo hacen mirase los unos a los otros a ver quién será el que pasará a formar parte de ese veinte por ciento.

Tome usted cualquier modelo de coche, entre opciones, motorizaciones, colores y accesorios de cada modelo existen casi 1000 variaciones. Esas son mil variaciones de cada modelo de cada fabricante. En el catálogo de Amazon existen 1920 modelos diferentes de televisores, 600 modelos de cámaras compactas , 450 modelos de cámaras SLR y 1500 tipos de lentes para esas cámaras. En total se ofrecen 5.259.635 diferentes productos electrónicos.

Si eso no es sobreproducción y rendimientos decrecientes que baje dios y lo vea.

Mientras más fabricantes intentan fabricar y vender lo mismo y más se pisan los unos a los otros, mas piensan que el problema son los costes y a la final lo paga el más débil: el empleado. El problema en realidad es que a la sociedad occidental no se le ocurren nuevas ideas desde hace décadas, ni siquiera se le ocurre atacar antiguos problemas latentes como el acceso a la vivienda. El problema en las empresas y en toda la economía se lo achacan a los costes, que son muy altos y de aquí la lógica del lavavajillas: “no sirve pero es barato”.

En 1961 un SEAT 600 valía casi lo mismo que un piso (65.000 pesetas) y había cola de dos años para comprar uno. Al día de hoy un coche muchísimo mejor vale un décimo de lo que vale un piso y hay que perseguir y engañar a los consumidores para que compren algo: el problema no son los costes. Lo importante es la necesidad,  si de verdad hubiese necesidad de tanto coche las personas harían cola frente a los concesionarios.

Todo esto se traduce en rendimientos decrecientes del capital. Cada vez las inversiones industriales son menos rentables por lo que dejan de ser atractivas. ¿ Que hacemos entonces con todo este dinero ?. Pues nos dedicamos a intentar ganar dinero con dinero y el mundo financiero de financiar a la industria pasa a financiar un galimatías especulativo que pocos entienden pero que busca encontrar la rentabilidad que ya no consigue en la industria: intenta buscar rentabilidad en sí mismo. Y todos sabemos que eso no es posible, pero de ilusiones también se vive.

Entonces el capital, siguiendo con la ley de rendimientos decrecientes,  también quiere seguir haciendo lo mismo de siempre pero de forma cada vez más complicada….y rápida, degenerando en el actual estado donde es más importante ganar cinco milisegundos en hacer tal o cual transacción que buscar un negocio industrial con nuevas ideas. El PIB del mundo es de unos 60 billones de dólares y se estima que hay unos 750 billones de dólares circulando. Esto quiere decir que existe muchísimo capital en circulación buscando una rentabilidad que la economía real no puede proporcionar y este es el problema de fondo de la crisis a la que hoy asistimos. La economía real tendría que multiplicar por más de diez sus beneficios para que esos 750 billones lleguen a significar algo. La masa salarial representa aproximadamente el 20% de los costes por lo que así todo el planeta trabajase gratis y sin ningún tipo de cobertura social lo más que se podría llegar a justificar como capital real serían 12-15 billones, el resto de esos setecientos y tantos tendría que desaparecer.

Si el mundo fuese una empresa sus ventas anuales ascenderían a 60 billones de dólares. Supongamos que fuese un muy buen negocio y que genere el 10% en beneficios luego de impuestos, es decir: 6 billones. Estos serian los réditos disponibles para resarcir a esa masa de 750 billones que anda a la búsqueda de dividendos. Con estas cuentas el capital disponible en el mundo rendiría bastante menos del 1%.  Eso quiere decir que es imposible que la economía real genere los dividendos que la cantidad de dinero y por lo tanto de capital existente requiere, por esto el capital se enroca sobre si mismo buscando dividendos no en la economía productiva sino dentro de sí mismo: especulando los unos contra los otros.

Pero es imposible que especulando los unos contra los otros todos ganen dinero. Algunos ganarán, pero para el resto las pérdidas serán inmensas. Y aquí estamos. La cosa ha llegado a ser tan enfermiza que hoy es más importante tener una línea de comunicaciones rápida conectada a los ordenadores de las diferentes bolsas que invertir en industrias con cara y ojos. El mundo degenera en un ictus frenético donde las acciones de las empresas son vendidas y compradas cientos de veces por segundo sin importar la buena o mala marcha de esa industria y donde nadie sabe muy bien lo que pasa ni lo que hace. Solo el mercado de derivados suma unos 400 billones de dólares. Esos son productos financieros que no cotizan en mercados abiertos tales como la bolsa, en su lugar son productos “over the counter” eufemismo para decir que son productos que se compran y se venden los banqueros entre sí a precios pactados entre dos personas y que nada tienen que ver con la realidad.

Si el mundo tiene un PIB de 60 billones de dólares,  unos 12 billones serán beneficio bruto –un 20% –. Eso arroja una cifra probable de entre 50-60 billones de dólares en capital invertido. El resto hasta llegar a los 750 billones es capital ficticio que tarde o temprano desaparecerá debido a que no se encuentra soportado por ninguna actividad productiva. Como mínimo las nueve décimas partes del dinero que circula hoy día en el mundo es ficticio, es producto de préstamos de unos supuestos inversores en realidad dedicados a especular. Tarde o temprano todo ese dinero tendrá que desaparecer.

No importa cuanto recorten salarios y beneficios sociales: nunca, pero nunca ni en sus más salvajes sueños la economía planetaria llegará a producir las suficientes rentas para satisfacer las pretensiones de tamaña montaña de dinero. De esos 750 billones, estimo que capital real es decir capital invertido en activos tangibles productores de réditos y capital de trabajo –   cuentas por pagar de clientes, etc — será como máximo-máximo el valor del PIB mundial más digamos un 50%, o sea unos 90 billones de dólares que  redondearemos en 100. De ahí hasta 750 billones es dinero que no representa absolutamente nada, y es dinero que tarde o temprano tendrá que desaparecer.

Y en estas estamos.

Desde donde ahora vivo puedo contemplar los inmensos edificios del centro financiero de Frankfurt. En el cristal de la ventana desde donde escribo esto,   uno a uno se pueden ir tachando los inmensos rascacielos que los gobiernos han tenido que ir rescatando o que están con problemas. El majestuoso edificio de UBS a escasas cuadras construido en el antiguo jardín de la mansión Roschtild, mas allá se ven los casi sesenta pisos de Dexia y el edicicio del Commerzbank. Miles de jóvenes vestidos todos iguales de traje oscuro, corbata roja o azul y camisa celeste o blanca pasan por frente a mí puerta todos los días camino a esas inmensas moles: a seguir perdiendo dinero y a continuar con el desapalancamiento masivo al que asistimos hoy día, mientras los políticos creen que prestándoles más dinero podrán devolver los préstamos que han tomado para hacer las desastrosas inversiones en que se han metido.

Solo mentiras y más mentiras, el desapalancamiento continuará llevándose a muchos por delante. Desde hace décadas que debimos de haber cambiado de rumbo. El desapalancamiento, o sea la cantidad de dinero que se perderá equivaldrá a casi diez años de PIB mundial. El dinero del que dispone el estado es un submúltiplo de esta cantidad por lo que es imposible que ningún estado les pueda rescatar, es como ver a los políticos poniendo el dedo en el chorrito de agua que sale de la presa, mientras  siguen apareciendo inmensas grietas.

Yo creo que la situación es irrecuperable.
La función de los más capaces en una sociedad humana medianamente sana es cuidar y proteger a aquellos menos capaces, no aprovecharse de ellos.

Y a propósito del tema, sostengo firmemente que la Anglosfera debe ser destruida.

visillófilas pepitófagas

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Re:Los rendimientos decrecientes.
« Respuesta #1 en: Octubre 31, 2011, 01:11:58 am »
Es cierto lo que comenta de la lavadora, pero creo que se confunden ciertos términos:

- Nostrasladamus sólo pone ejemplos de tecnología mal aplicada o poco útil. Eso no son los rendimientos decrecientes (diminishing returns), y está sesgado.

- Confunde los rendimientos decrecientes con la utilidad decreciente (ejemplo del vaso de agua en el desierto).

La ley de los rendimientos decrecientes dice que en todo proceso productivo, añadir más cantidad de un factor de producción (manteniendo los otros constantes) acaba dando menor rendimiento por unidad producida.

Hay economistas que hablan también de rendimientos crecientes debidos a la introducción de tecnologías disruptivas (Brian Arthur, Paul Krugman y otros).

El ejemplo del lavavajillas es el de vender un producto relativamente caro, perfectamente prescincible y que no funciona según las expectativas creadas, basado en que no es prescindible, es más cómodo, funciona bien y da status tenerlo (en este caso, quita status no tenerlo, porque está muy extendido ya).

Un poco como el coche (para bastantes personas)  ;)
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pollo

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Re:Los rendimientos decrecientes.
« Respuesta #2 en: Octubre 31, 2011, 04:05:53 am »
Lo único que puede salvar el culo de las finanzas mundiales es la revolución energética, y en general, todo aquello que sea capaz de cubrir necesidades reales.

wanderer

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Re:Los rendimientos decrecientes.
« Respuesta #3 en: Octubre 31, 2011, 10:51:12 am »
Es cierto lo que comenta de la lavadora, pero creo que se confunden ciertos términos:

- Nostrasladamus sólo pone ejemplos de tecnología mal aplicada o poco útil. Eso no son los rendimientos decrecientes (diminishing returns), y está sesgado.

- Confunde los rendimientos decrecientes con la utilidad decreciente (ejemplo del vaso de agua en el desierto).

La ley de los rendimientos decrecientes dice que en todo proceso productivo, añadir más cantidad de un factor de producción (manteniendo los otros constantes) acaba dando menor rendimiento por unidad producida.

Hay economistas que hablan también de rendimientos crecientes debidos a la introducción de tecnologías disruptivas (Brian Arthur, Paul Krugman y otros).

El ejemplo del lavavajillas es el de vender un producto relativamente caro, perfectamente prescincible y que no funciona según las expectativas creadas, basado en que no es prescindible, es más cómodo, funciona bien y da status tenerlo (en este caso, quita status no tenerlo, porque está muy extendido ya).

Un poco como el coche (para bastantes personas)  ;)

El ejemplo del lavavajillas me parece bastante desafortunado: en mi casa tenemos uno, y es una buena ayuda (y gasta menos agua y energía que lavar los platos a mano); además lo compramos aprovechando una liquidación de stock, y siendo de buena marca, nos costó bien poco.

Y la utilidad marginal de un producto siempre tiende a ser decreciente, tanto si es agua en el desierto, o deuda para financiar bien un emprendimiento, bien un cruce de apuestas especulativas.

El problema de fondo es que aunque sigue habiendo proyectos y actividades que merezca financiar, hay tantas necesidades que ya se encuentran adecuamente cubiertas, que al final si se quieren rendimientos no marginales (esto es, no asintóticos, lo cual los hace prácticamente nulos [la función de rendimiento vs input son, con gran robustez, funciones decrecientes que pueden llegar a hacerse eventualmente negativas; cfr, la tesis de Fekete sobre la hiperdeflación inducida por nueva deuda. En una situación más tolerable, sencillamente el rendimiento tendería hacia cero, pero es mucho más realista suponer que la función llega eventualmente a anularse]), no hay muchas alternativas a la especulación por la especulación.

Si alguna vez llegamos a vislumbrar la salida de la crisis, estoy seguro que la economía financiera tendrá un papel importante, sí, pero insignificante comparado con la hipertrofia actual.
"De lo que que no se puede hablar, es mejor callar" (L. Wittgenstein; Tractatus Logico-Philosophicus).

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