[Nosotros, cuando decimos posmodernidad, nos referimos a la modernidad líquida de Bauman y a la gaseosa, a las dos a la vez. La gaseosa no es más que la fase superior de la líquida. Entendemos por modernidad gaseosa el desquicie de ese espantajo que Felipe, nuestro gran posmoderno popularcapitalista, llamó la flexiseguridad: el cambio, la solidez desvanecida, las relaciones provisionales, la desregulación, el individualismo, el subjetivismo valorativo, el sexo fluido, las carreras profesionales flexibles, el uso de la vivienda como activo financiero... Al desquiciarse la modernidad líquida desaparece el componente seguridad y surge la fragmentación extrema, el caos, el desorden entrópico, burbujas de todo, el no saber qué hacer para vivir, el nivel de precios de la vivienda por encima de los salarios, la comunicación vía tuit y reel, el consumo de cultura vía 'snacks', etc. El 'brexit', el COVID, las guerras de Ucrania y Gaza y el 'usexit' son el telón de fondo de la última fase gaseosa de la posmodernidad.
La idea es que la modernidad no es una sola entidad histórica, sino dos: primero, la sólida, con un sentido, y después la líquida o gaseosa, con el contrario.
La modernidad líquida o gaseosa es reactiva a la sólida, del mismo modo que el neoclasicismo y la modernidad sólida fueron reactivos, respectivamente, al barroco y al romanticismo. Incluso se puede decir que la posmodernidad es un romanticismo anacrónico, muerto por agotamiento a mediados de los 2000 y enterrado en 2025.
En 2026, toca continuidad histórica: remontarse al espíritu neoclásico y al de la modernidad sólida, aunque en un nivel superior, que llamamos planificado.
Trump, Milei, Ayuso... rechinan. Son los epónimos fascistoides de la modernidad gaseosa. ¿No les parece curioso que toda esta gente se ponga como un puma cuando se les dice lo que son: fachas? Incluso te ponen una querella o se te disfrazan de judíos. Precisamente, esta fauna es la que está interesada en que tú identifiques modernidad sólida con fascismo, cuando es exactamente lo contrario.]
[¿Por qué hay tanto precio inmobiliario disparatado cuando es público y notorio que ya pintan bastos? Es evidente: 1.º Por la dinámica de la ESTAFA, para que haya referencias tan altas que precios exorbitantes parezcan oportunidades (te enseñan el que 'vale' 2 para que piques pagando el que 'vale' 1). 2.º Para sesgar al alza las revalorizaciones meramente contables en las operaciones de REDESAGÜE (el desagüe de las desaguadoras), eso que llamamos las ratas abandonando el barco.
Entre nosotros hay quienes se creen los precios disparatados y se duele. Caen en la desesperación. Y les tienta el decadentismo, incluso el malditismo, ya fascistoide, ya podemitoide (si es que no son lo mismo). Tienen el peligro de convertirse en pavos inductivistas. Están tan acostumbrados a comer (mierda) a la misma hora todos los días que, llegado el centésimo septuagésimo sexto día (ordinal del cardinal en cifras 176), asomarán el gaznate por la rendija y recibirán como 'alimento' el acero degollador (los pavos se alimentan para ser sacrificados durante unas 25 semanas). Recordémosles que la ausencia de prueba no es prueba de ausencia.
Yo ya siempre contesto ante cualquier precio: «No sabía que el dinero valiera tan poco».]