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Cita de: asustadísimos en Ayer a las 16:50:14Informe-bulo, que silencia que todos los países de Occidente y la UE estamos igual:https://hesperides.edu.es/pages/informe-crr-sobre-la-paradoja-inmobiliaria-y-su-impacto-en-el-mercado.html]Con leerse la página 35 ya es suficiente. Informe basura.
Informe-bulo, que silencia que todos los países de Occidente y la UE estamos igual:https://hesperides.edu.es/pages/informe-crr-sobre-la-paradoja-inmobiliaria-y-su-impacto-en-el-mercado.html]
[...]"En resumen, la construcción de vivienda no se incrementa en España porque la rentabilidad de los constructores es, en promedio, negativa. Y esta rentabilidad negativa se explica por la muy restrictiva regulación urbanística y por la creciente regulación en los estándares de construcción"Cuando le dices a la IA que resuma KK
[Me cago en el arbolito del informe panfleto de la extrema derecha económica sobre las causas de la pereza de los constructores españoles.— Me refiero a esta octavilla falsoliberal-neoliberal radical-libertaria, de una universidad privada del Poder-Hacer:«https://hesperides.edu.es/pages/informe-crr-sobre-la-paradoja-inmobiliaria-y-su-impacto-en-el-mercado.html».Tiene cierto valor para nosotros, los pro Capital & Dinero, no obstante: al sintetizar «el» argumentario para los ganchos del timojuego de dinero sin trabajar del Ladrillo, acepta expresamente que el mercado (oferta, demanda, precios) ha fracasado en la provisión de vivienda.Añade dos cosas ('faltaofertismo' y culpabilidad regulatoria) que no desarrolladas técnicamente como debiera, porque se trata de meros juicios de valor politiqueros adornados con retórica académica.Pero sí estamos de acuerdo en que el mercado no ha funcionado, que es lo que nos interesa.Por tanto, podemos decir sin ambages que académicos de la fachosfera certifican una cosa que nosotros llevamos mucho tiempo diciendo: el mercado ha fracasado en la provisión de vivienda.Y, además, estaríamos de acuerdo en otra cosa: que la culpa es de las administraciones públicas local (CC. LL. —Corporaciones locales—) y regional (CC. AA. —Comunidades Autónomas), si es que fuera verdad que el mercado fracasa por un supuesto exceso regulatorio y una mala práctica burocrática que desincentivan a los constructores pequeños, que a diferencia de los medianos y grandes no están forrados de millones, ¡ja!Nos importa un bledo que nieguen que el Ladrillo es una estafa y que nadie se cree los precios. Especialmente es incrédulo con el nivel de precios el propio sector, que es quien sabe contable, no metafísicamente, que edificar no cuesta tantísimo como se le saca al primo de turno o se le cobra al blanqueador de dinero negro, incluso sucio. Según nuestra experiencia profesional, cuando te dicen que, por tu piso 'ya te darían un millón', es que su precio es menos de la mitad (–60%), porque, como estafadorcillos que son, piensan en el importe que costaría blanquear fiscalmente el dinero (este es el sesgo en muchos chalés, áticos y asimilados).¿Y por qué digo esto de que esta culpa de sería fundamentalmente de las CC. LL. y las CC. AA.? Pues porque el poder regulatorio en esta materia tiene esta distribución:• 50%, CC. AA.;• 40 %, Ayuntamientos:• 5 %, Adminstración Central;• 5 %, UE;Ya que, en cuanto a regulaciones de promoción y construcción, e inmobiliarias:• las CC. AA. son el actor principal;• hay un gran peso de las concejalías de urbanismo;• el Estado solo da bases genéricas y algunas no se aplican, encima con recochineo (p. e., la Ley de Vivienda 2023, en Madrid); • la UE solo marca direcciones estratégicas, tachadas de 'woke', sorosianas y agendaveintetreintistas, por una derecha extrañamente euroescéptica, digo extraña porque demuestra día a día pasión desordenada por sus bolsillos llenos de euros, pero se pasan el día diciendo que «el euro es basura fiat» y que el euro digital es malísimo, a sabiendas de que es lo único eficaz que podemos hacer los eurozoneros para moderar la hegemonía dólar en nuestros cobros y pagos internos y, sobre todo, externos.Además, ¡es que la responsabilidad de las CC. LL. y las CC. AA. se recoge expresamente en la Tabla 2 (pág. 18) del panfleto!, donde se relatan los procesos administrativos de desarrollo urbanístico en España, desde el Plan General de Ordenación Urbana hasta la Licencia de Ocupación, procesos que califica de «interminables: entre 10 y 15 años».Es decir que, la culpa en España la tendrían, precisamente, las administraciones públicas gobernadas por la derecha política, a la que está rendida vergonzantemente esta bazofia politiquera vestida de estudio académico.Según los libertarios estos, España sería miserable. La pregunta es a quién interesa que se diga que es miserable España, un país tan especial de la eurozona y cuna de la hispanidad. ¿No les parece que esta fauna está cumpliendo el papel que, tradicionalmente, ha tenido el provincianismo mal llevado: jiñarse en la Nación desde el complejo de superioridad?Aquí aparece la larga (mala) sombra anglo. No en vano esta universidad privada de la fachosfera es propiedad de otra que, a su vez, es de un centro de estudios madrileño vinculado corporativa o personalmente a la 'Association for Private Enterprise Education', de EE. UU., y a una universidad, también privada, de Guatemala. Esto que digo es lo que aparece tras el oportuno análisis de fuentes abiertas en internet. Yo, como español, no tengo por qué tolerar a quienes aprovechan cátedras, que ellos mismos se han inventado hace cuatro días, para deshonrar a España tacándola de miserable (consentidora de la precariedad residencial, especialmente trabajadores jóvenes), desestabilizándola dando cobertura ideológica a quienes estafan con un bien de primera necesidad y consumo obligatorio, estratégico para la Nación. Yo no soy idealista-irónico, como ellos. Soy realista. Es una estafa y hay que odiar el delito y compadecer al delincuente.Según el falsacionista Popper, un pope del falsoliberalismo, la tolerancia es paradójica: una sociedad tolerante tiene que ser intolerante con la intolerancia para proteger la tolerancia misma.Yo no tolero a los estafadores ni a sus ganchos.El bodrio este, objetivamente, es un 'benditamierda': «¡Bendita mierda de regulaciones de las administraciones públicas 'cercanas al ciudadano' españolas, gracias a cuyo intervencionismo la cotización de mi mierda sigue por las nubes!».Un dato: el actual concejal de Urbanismo de Madrid es un derechista de raza, yerno del que fuera alcalde de Madrid durante la 2.ª alza explosiva de la burbuja (el alcalde al que se debió la redacción del PGOU vigente), a la sazón compañero de cuerpo funcionarial del Sr. Aznar (Inspectores de Hacienda del Estado). Aquellos eran los primeros años de circulación efectiva del euro, momento histórico en el que se suponía que la derecha política, en vez de caer presa de la ironía ideológica («todo es una mierda, pero yo participo») iba a aprovechar el primer impulso del nuevo exoesqueleto financiero en favor del Capital & Dinero, no de la estafa del Ladrillo, que era un montaje piramidal-generacional socialdemócrata. Y mira. Hemos acabado con una presidenta regional que dice que es 'de derecha', pero es atea y falsoliberal-ladrillista que, presuuuntamente, se aprovecha de una estafa escandalosa, de trasfondo sanitario-público y con formas mafioso-factureras, para vivir en un ático con un confeso desconfesado con el que no está casada. Presidenta que, ahora, parece estar siendo apuntalada por la socialdemocracia por ser la gafe en jefe de la derechita cobarde, al mando espiritual de falanges desokupa y 'catedráticos' de fachosfera, junto con un cantinflas argentino judipócrita y cripto-bro.El problema de España no son las izquierdas. Es la derecha, más falsa que Judas Iscariote y más gallita que Green frente a Tyson: https://www.youtube.com/shorts/xZf9o9SvrF8 (Tyson no le noqueó aposta, para gozar dándole durante todos los asaltos).La derechita no cobarde bravuconea porque las clases trabajadoras estaban enganchadas al timojuego del Ladrillo y se creían capitalistitas. Pero, Houston, tenemos un problema: ahora las clases trabajadoras no están enganchadas, sino esclavizadas, ellas y sus empleadores, que son los que han financiar la 'himbersión' vía salarios.En suma, este planfleto resulta ser buenísimo para nosotros, ja, ja, ja:• el mercado ha fracasado, sí, jódete;• la culpa la tendrían las administraciones públicas gobernadas por el falsoliberalismo neoliberal (con el caso paradigmático de Madrid-Mierdrid —la ciudad de un servidor—);• nos importan una higa las excusas de mal pagador porque se trata de una ESTAFA y en las estafas no son de aplicación las leyes de la oferta y la demanda, luego no hay nada que debatir, y ellos lo saben, razón por la que ahora se está poniendo de moda el superargumento: «Ni oferta ni demanda ni tipos de interés ni nada, podemos bajarlos, pero vamos a seguir subiéndolos porque no queremos que los propietarios dejen de ser ricos, y el que no haya nacido a tiempo o no pase por el aro, que se joda».]
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Solo tienes que pasearte por el centro y alrededores de cualquier ciudad y ver el abandono total del terciario, sin que a nadie le importe. Ni a sus propios dueños.¿Qué parte de "si no lo vendo le meto fuego" es la que no habéis entendido?Si mañana se cumplieran las expectativas correctoras de la transición estructural, todo seguiría IGUAL. Porque les costó cero, están pagando cero, y luego valdría cero = Cero incentivos (manos muertas).Esto solo se soluciona mediante una desamortización.https://es.wikipedia.org/wiki/Desamortizaci%C3%B3n_espa%C3%B1olaLlegado este momento, la democracia es incompatible con las necesidades del sistema capitalista.
ConclusionThe scarcities we face today are mostly due to growing demand for stuff outstripping stagnating minerals supply. If mine output forecasts are anything to go by, however, this stagnation can be expected to turn into a decline for many critical elements: not only for silver, but also for copper, and most importantly: oil. Competition for, and control of, these dwindling resources will thus shape not only politics and international relationships, but will decide which economy can grow, and which must endure a decline in living standards as the price of everyday items and consumer goods continue to rise, often beyond the point of affordability.
¿LA RESTAURACIÓN TOCA TECHO?Las regiones donde sobran restaurantes en España: "Piensan que les va bien, pero no es así"La catarata de cierres de establecimientos señeros es solo el síntoma de un cambio de tendencia en la hostelería española, que ya no da para más en muchas regionesTerraza de un bar. (EFE/Kiko Huesca)El reciente cierre de varios restaurantes de alta cocina en la capital es tan solo la punta de un iceberg mucho mayor que afecta a todo el sector. A establecimientos pequeños y medianos, de alta cocina o modestos, en el barrio de Salamanca o con vistas a una playa balear. Cada uno de estos cierres responde a una casuística propia, pero la estadística conjunta señala en una inequívoca dirección: el mercado de determinadas regiones ya no da más de sí y muchos restaurantes no se salvarán de la quema.Esta semana anunciaba su cierre Lúa de Manuel Domínguez, que se une a una larga lista de establecimientos en la que también figuran Berlanga, Robuchon o Umiko. Aunque se trataba de un local rentable, en su clausura han influido otros factores como la salud mental, la alta rotación de trabajadores o la incertidumbre. Pero su cierre, dos décadas después de su apertura, es el síntoma de un cambio de ciclo.Los datos de empleo del pasado año señalan en la misma dirección. Aunque la contratación en hostelería se encuentra en máximos históricos, empieza a dar síntomas de agotamiento, como señala un reciente informe elaborado por Randstad, que muestra un ligero descenso a nivel general en la contratación de un 0,4%. Pero hay regiones donde este descenso es aún más acusado, como Balares (-5,7%), Extremadura (-5,2%), Madrid (-3,4%) y Cataluña (-2,8%).“No necesariamente significa que el sector haya tocado techo, pero sí que ha entrado en una fase de madurez en esa regiones”, explica a El Confidencial Víctor Jofre, responsable de cuentas estratégicas de hostelería de Randstad. “En territorios como Madrid, Barcelona, Baleares, Andalucía la hostelería creció con mucha intensidad en los años posteriores a la pandemia del covid-19, impulsada por el rebrote del consumo y del turismo, y ese crecimiento ya se ha absorbido en parte”. La sensación de que a partir de aquí solo se puede ir a peor está extendida entre algunos restauradores. Al menos en esas regiones señaladas, que contrastan con aquellas otras como Asturias, Galicia o Valencia donde el crecimiento en contrataciones fue mayor, lo que muestra que aún hay margen para el desarrollo. Se trata, no por casualidad, de las mismas en las que, como ocurre con el cada vez más demandado norte, más ha crecido el turismo.Paco Cruz, asesor gastronómico y director de The Food Manager, lleva tiempo repitiendo a quien quiera oírle que sobran restaurantes. “Sabes que sobran, para empezar, porque cierran: es un puro proceso de selección natural”, explica a este periódico. “También por la sensación de que ni siquiera los profesionales del sector podemos estar al día de todo lo que se abre. Y da igual porque se ha producido una homogeneización brutal”. Citar"Sufren la trampa de la liquidez: como entra dinero, parece que el negocio marcha"Paradójicamente, estos cierres coinciden con un aumento del número de aperturas. Ahí se encuentra la clave, para Cruz. Por una parte, la “alegría con la que se abren restaurantes con lo difícil que es que funcionen”. Dos de cada tres negocios cierra antes de cumplir los cinco años. Por otra, lo que él denomina “la trampa de la liquidez”. “Como todos los días me entra dinero, creo que está funcionando, pero no es así”, explica. “No tengo datos, pero tampoco dudas, de que dos de cada tres restaurantes no ganan dinero”. La buena noticia es quien sobreviva se quedará con un pedazo mayor del pastel.La mala es que los costes cada vez son más elevados y resulta más complicado que salgan las cuentas. “Lo que estamos viendo ahora es más bien un ajuste de la contratación que responde a varios factores: una demanda interna más contenida, márgenes cada vez más estrechos por el aumento de costes y, sobre todo, límites operativos del propio sector”, añade Jofre. “Muchos negocios tienen dificultades para ampliar plantilla no porque falte demanda, sino porque no encuentran perfiles disponibles o no pueden asumir más costes laborales sin comprometer la rentabilidad”.¡Pero si están los restaurantes llenos!El mexicano Luis Rivero es uno de esos hosteleros que vivió en sus propias carnes el ciclo de apertura y cierre en apenas un par de años. La mezcalería Zotz se encontraba en la calle Luna, en el pleno centro de Madrid. Muchos de sus vecinos no han corrido mejor suerte, como explica a El Confidencial. “Había un restaurante de toda la vida y lo cerraron; enfrente había otro local de coctelería y lo traspasaron; al otro lado había otro restaurante chino y lo convirtieron en uno de noodles”, explica. “No fui solo yo, en toda la calle o cerraron o traspasaron o no aguantaron”.Manuel Domínguez, de Lúa.Lo irónico, pero revelador, es que en muchos de esos casos los restaurantes cerraron para dejar paso a otros restaurantes. Entre los motivos que cita Rivero para explicar el cierre de su local se encuentran los sospechosos habituales. “Es un negocio muy ‘matado’ que te hace estar ahí casi todo el tiempo para simplemente sobrevivir, los costes de personal y de los insumos en general, las facturas, pagar al gestor mes a mes, el IRPF, otros impuestos…” Los ciclos, además, se han acortado, y el impulso de una buena apertura ya no dura años sino meses.Los costes se han disparado en apenas una década, recuerda Cruz, lo que ha provocado que a muchos restaurantes ya no les salgan las cuentas. El coste del personal, por ejemplo, ha pasado de un 27% a un 40%. “Si comparas el coste de personal de 2017 con el del año pasado es enorme: piensa que entonces un camarero ganaba 1.200 euros, 900 en A y 300 en B, trabajaba 60 horas y no podía decir nada porque le respondían que como él había cien en la calle; ahora sin embargo un camarero no te baja en Madrid de 1.400 euros, todo en A y 40 horas”. En su opinión, “el sector tiene lo que se merece, ha estirado demasiado el chicle de aprovecharse del personal”.Otra paradoja reveladora en el caso de Rivero es que a pesar de encontrarse en un lugar supuestamente privilegiado de la capital, la turistificación jugó en su contra. “Al estar en una zona muy gentrificada, entre semana no había gente local, esos parroquianos que saben que van a ir siempre”, explica. “Los fines de semana había más gente, pero era público de paso”. Su historia resume bien por qué tenemos la sensación de que los restaurantes están llenos cuando no es así: porque vamos todos a la vez en el mismo momento. Por lo general, el fin de semana. Y así es muy difícil que un negocio funcione.Hace unos meses explicábamos que cada vez más restaurantes que podían permitírselo cerraban los sábados por la noche. Aunque pueda parecer contradictorio, es un síntoma de que cada vez es más difícil pagar a plantillas amplias para estar abiertos en todos los turnos posibles, todos los días, día y noche. Es la paradoja del mes de agosto, cuando muchos restaurantes mantienen abierto a costa de perder dinero. “Cuesta llenar un martes o un miércoles y jugarte tu rentabilidad a un sábado o domingo es contraproducente, porque como coincida con un partido importante pierdes esa facturación”, añade Cruz.Citar"Mallorca ha tocado techo en su ventaja competitiva, ya no es un destino barato"El asesor se detiene a detallar la trampa en la que caen muchos hosteleros. Como la restauración es un negocio en el que constantemente “entra dinero”, el hostelero tiene la sensación a menudo equivocada de que está ganando dinero, cuando no es así. En el peor de los casos, sospecha que echando más horas o con un golpe de suerte podrá sobrevivir. “Viven de cobrar al momento y pagar a treinta días”, resume Cruz. Es lo que casi le ocurrió a Rivero, que afirma que pensó en pedir un crédito para financiar las pérdidas, pero finalmente decidió no hacerlo porque era seguir cavando su propio agujero.El turismo como parcheUna de esas regiones donde la contratación ha bajado es Baleares. Azul Sánchez de Toque de Queda, restaurante situado en el centro de Palma de Mallorca, intenta explicar por qué: “Estamos tocando techo en lo referente a tener ventaja competitiva, no podemos seguir siendo un destino barato”. Sánchez vuelve a incidir en el aumento de costes: “Si tú cumples la ley, es imposible dar servicio barato con el sistema de hostelería antiguo que había en España, es decir, el dueño que vive y trabaja ahí con su familia y que abría de ocho de la mañana a una de la noche”.El de Baleares es el caso prototípico de una región altamente turistificada donde en los últimos años se ha disparado la apertura de restaurantes y que señala la dirección que ahora están siguiendo Asturias, Cantabria, Aragón o La Rioja. “En estos territorios, el crecimiento del empleo está ligado a una demanda turística creciente, que actúa como motor y compensa, al menos en parte, la debilidad del consumo local”, explica Jofre. “Además, a diferencia de etapas anteriores, este impulso turístico es algo menos estacional, lo que permite sostener actividad y empleo durante más meses del año”.Toque de Queda, restaurante en Palma de Mallorca.Rotación "abismal"Uno de los motivos aducidos por Manuel Domínguez para el cierre de Lúa es la frustración ocasionada por la elevada rotación. “Dedico mucho tiempo en formar a la gente, pero luego se van y no es posible formar equipo”, lamentaba en una entrevista con El Mundo. Como añade Bruno González Herce, de La Llama Inn, el nivel de rotación es “abismal”: necesitan buscar nuevos camareros y cocineros casi cada semana. No es solo el caso de su establecimiento, situado en Chueca, sino también el de los restaurantes vecinos. Según una encuesta realizada por The Fork, el 24% de los restaurantes cierran por la ausencia de personal cualificado y la alta rotación de trabajadores.Como explica Jofre, se trata de una tendencia laboral generalizada, pero aún más evidente en la restauración. “Una parte importante de esa rotación se produce dentro del propio sector: trabajadores que encadenan distintos establecimientos buscando mejores condiciones, horarios más estables o proyectos con mayor desarrollo”, recuerda Jofre. “Pero también hay una salida relevante hacia otros sectores, especialmente aquellos que ofrecen jornadas más regulares, menor presión operativa y mejores expectativas de conciliación, incluso aunque el salario no sea significativamente superior”.“Algo que hace que parezca que hay menos trabajadores es que hay menos disponibles, porque hoy un cocinero o un camarero trabajan donde quieren”, añade Cruz. Solo unos pocos restaurantes, como presume Sánchez de Toque de Queda o Rivero de Zotz, han podido permitirse la estabilidad en sus plantillas. Entre los puestos con más rotación se encuentran los de entrada y mayor especialización, especialmente los camareros de sala, ayudantes de cocina y personal de apoyo, señala Jofre: “Son posiciones con una curva de aprendizaje corta, alta presión operativa y, en muchos casos, horarios fragmentados, lo que facilita que los trabajadores roten con rapidez entre establecimientos o incluso abandonen el sector”.CitarEl saneamiento legal del sector se ha producido "a costa de la rentabilidad"El aumento de la rotación es un síntoma de los cambios que están operando en el sector y que, pasan, sobre todo, por una profesionalización que hace tan solo unos años era impensable. Todos los restauradores y expertos consultados coinciden en que se acabó la era de la esclavitud, de los horarios infernales, del pago en negro y del “hace mucho frío en la calle”. Una buena noticia para Cruz, porque permite que se compita “en la liga de la gestión, no en la explotación”. Pero es un saneamiento que se ha producido “a costa de la rentabilidad”. A algunos solo les salían las cuentas haciendo trampas.
"Sufren la trampa de la liquidez: como entra dinero, parece que el negocio marcha"
"Mallorca ha tocado techo en su ventaja competitiva, ya no es un destino barato"
El saneamiento legal del sector se ha producido "a costa de la rentabilidad"
No easy end to easy moneyKevin Warsh won’t be able to fix the Fed without a responsible Congress and president© Matt KenyonThere is a certain “truthiness”, as the comedian Stephen Colbert might put it, to the idea that we are about to have a get-real conversation about monetary policy in the US. Despite constantly calling for lower interest rates, President Donald Trump has nominated as the next Federal Reserve chair Kevin Warsh, who announced a little over two months ago that “money on Wall Street is too easy, and credit on Main Street is too tight”. Amen.He says he wants to trim the Fed’s massive balance sheet, which could raise longer-term interest rates. Of course, Warsh is also a savvy political operator who seems ready to do Trump’s bidding. He has said he believes America might be on the cusp of an AI-related productivity boom that will dramatically boost workers’ output, allowing the Fed to cut rates without stoking higher prices. Nobody knows whether that is true yet.But Warsh is “truthily” right about one thing. America has become dangerously reliant on the “Fed put”. By counting on the Fed to intervene whenever things get rough, Washington policymakers have punted on tough fiscal policy decisions and relied on easy money and low rates to bolster markets and GDP growth for decades now.Can he fix that problem? My early guess is no.To rely less on monetary policy, no matter who is in charge at the Fed, you would have to have smart fiscal policy that really addresses the challenges on Main Street. Simply making credit to small business more accessible won’t retrain a workforce, fix the housing market or reduce healthcare costs. To do that would require serious “guns and butter” conversations about budgetary trade-offs, as well as a Congress and a White House willing and able to have them.We haven’t had either since the 1960s.The term “guns and butter” brings to mind former president Lyndon Johnson, who famously tried to wage the Vietnam war and launch his Great Society social programmes simultaneously without raising taxes. This led to both a widening fiscal deficit and inflation.That problem was ultimately curbed by Paul Volcker. It was the last time a Fed chair took truly decisive (and painful) action that went against the political tides. But it was also a definitive turning point that showed that the Fed could, in fact, ensure macroeconomic stability.Since then, every president and every Congress has been turning to the Fed to do just that. The result has been a half-century trend of declining interest rates, several bouts of quantitative easing with questionable impact on real economic growth and a rising number of financial boom-and-bust cycles.The latter are always painful. But for Congress and for American presidents, they are apparently less painful than telling voters the truth: that the US is spending well beyond its means, and that there will eventually be a higher risk premium to pay as a result. If we don’t want to see inflation higher and the dollar devalued, we need to make some budgetary sacrifices to get the debt situation under control.Neither Trump nor this captive Congress will be the ones to do that. Instead, we seem to be set for a repeat of the Reagan-era policies of tax cuts, deregulation and defence build-up (witness Trump’s $175bn “Golden Dome” programme) at a time when federal debt to GDP ratios are more than three times what they were back then. Treasury secretary Scott Bessent may call himself a deficit hawk, but last year’s tax cuts just added another 1 per cent of GDP to the deficit, and the Trump tariff rebate proposals could easily double that figure.Maybe if you really believe that a major productivity boom is just over the horizon, you could imagine running an economy this hot without creating inflationary pressures. I hope that will be the case. But there is an equal chance that the combination of tariffs, re-industrialisation, immigration cuts (which constrain the labour force) and some new supply chain disruption (which could easily happen for reasons ranging from geopolitics to natural disasters) will push up costs before Trump’s term is over.What will Warsh do then?He took a hard — and I believe correct — stance around easy money when Democrats were in charge during the financial crisis and Covid-19. Progressives wanted several rounds of QE and lower rates to bolster incomes at the bottom of the socio-economic spectrum, and plenty of market participants wanted them to juice share prices. But there was never much chance that all that easy money could offset the structural shifts in the economy that worked against low-skilled domestic labour. QE, particularly the latter rounds, was a palliative that couldn’t even offset the rising cost of things such as housing, education and healthcare.If Warsh now takes a soft money approach under Trump without very good and consistent data to show that AI is really shifting the inflation story, then we will know he is simply “truthy”, rather than principled. We will also know that we have reached a new stage in the “Fed put”.Here, Trump’s demands for lower rates and his treatment of current Fed chair Jay Powell have set a dangerous new precedent. The central bank has been used by many politicians to end-run debt and deficit issues. The question now is whether it will be used by Trump to end-run democracy.