La pregunta clave --de imposible respuesta por los gobiernos socialistas desde González a Sánchez-- es cómo pudo Franco (sin IVA ni IRPF) construir 4.6 millones de viviendas sociales entre 1961 y 1975. 4.600.000. Nada menos.
El resto, en mi modesta opinión, son ganas de perder el tiempo y calentar cabecitas.
La única respuesta es que donde no hay mata no hay patata pero hay chorizos. Muchos.
Y de momento lo que les mola es meter africanos musulmanes. En un país que se pasó 800 años echándolos.
Saludos
Por varios motivos. Primero, porque hacían falta, las ciudades se llenaban de "desertores del arado", aumentaba la población y el desarrollismo permitía generar más y más puestos de trabajo, la gran mayoría estables.
El problema actual es un problema de precios, no de construcción. En el momento en que se arreglen los precios, volverá la construcción. Si mañana compro un coche, inmediatamente, del primer uso, el precio baja. Cuando después de diez años lo quiera vender, la rebaja irá en función de cómo conservo la chapa y pintura, de cómo he tratado la electrónica, de cómo suena el motor, del número de kilómetros, y un experto, pero de verdad, le echará un vistazo y le dirá al comprador si está cuidado más allá de lo que se ve, y ahí tendrá su precio, posiblemente, menos de la mitad. En cambio, la vivienda, se cuide o no se cuide, se pinte o no se pinte, sea más nueva o más vieja, siempre sube. Se están pidiendo precios por las que aquí en Albacete solemos llamar "casas baratas", grilleras de aquellos años sesenta, de más del doble de lo que se pedía hace una década. Casas que hoy son diez años más viejas, posiblemente con más problemas.
Si los coches siempre subieran de precio a cada kilómetro efectivo, ya te digo yo que no se fabricarían más coches; nadie los mandaría a la chatarra. Para que se vuelva a construir, primero tenemos que arreglar los precios. Y antes que eso, y coincido con Asustadísimos, hay que cambiar la subjetividad de la mayoría natural. Y coincido con Tomasjos también que eso vendrá con una catástrofe colectiva. Nos hemos hecho daño todos, en mayor o menor grado, queriendo creer que eramos "ricos" sobrevalorando los inmuebles, y lo único que hemos conseguido es destrozar a tres generaciones para que después no haya nada que celebrar. Cuanto antes venga el desastre, mejor. Y tengo claro que va a ser la socialdemocracia la que gestione la transición, más que nada, por la sucesión de noticias, testimonios, pequeños y grandes dramas, propagandistas y voceros, artículos, libros y debates sobre el problema de la vivienda a los que como espectadores estamos asistiendo los últimos dieciocho meses. Para que la subjetividad colectiva impregne, primero se ha de cambiar la comunicación, algo que ya llevan tiempo haciendo, y también la memoria colectiva, muchas veces a través de problemas propios, cercanos, de familiares o amigos, o de gente que vemos en televisión. Y eso también lo estamos viendo. Cuando venga el desastre, y tengamos claro que el responsable es la vivienda, por segunda vez, nadie dirá que no a una intervención masiva en la vivienda, porque el desastre afectará a todos, por segunda vez.
Y es más, a la política no le interesa la vivienda, solo hay que ver lo incómodo que es contentar a ambos espectros de la mayoría natural que simplemente vota, los propietarios y los no propietarios. Ya no hay pelotazos como los de antes, porque no hay crédito barato para trabajadores, y sus salarios son más bien magros. Todo lo contrario, la ausencia de vivienda asequible impide afianzarse en ayuntamientos o comunidades autónomas con mayorías absolutas como antes, el desgaste que sufren es creciente. A unos los entiende, y a los otros también. Pero ningún votante está contento, y así no se pueden ganar elecciones. Yo cada vez veo más vivienda en venta y en alquiler. La sensación de escasez es porque el posible comprador o arrendatario solamente busca pisos en el rango de precios que puede pagar. Y los precios actuales han dejado fuera a la gran mayoría. Los que podemos vivir con nuestros padres, teniendo un sueldo, seguimos haciéndolo. No es algo solamente mío, en mi grupo de amigos, todos los solteros, que somos mayoría, y algún divorciado, vive con sus padres. Podemos pagar un alquiler, pero entonces se nos va todo el salario en subsistir. Insisto que es un problema de precios. Que se esté acumulando necesidad de acceder a una vivienda año tras año tras más de una década de parón y no se hipoteque ni la mitad que en 2007, es una muestra del problema coyuntural existente. Mi abuelo, encofrador, pudo pagarse una vivienda en Madrid sin problemas. Mi otro abuelo, carpintero metálico, saltó tres veces de vivienda, mejorando sin tener que calentarse la cabeza. ¿Por qué? Porque los precios de la vivienda estaban adecuados a la capacidad de los salarios. Y como aquí se ha dicho más de una vez, cuando la vivienda baje, que lo hará, ese será el menor de nuestros problemas. Habrá vivienda asequible de sobra, habrá construcción, pero los problemas, que serán muchos, tendrán matices muy diferentes.
Cada vez que un amigo me dice que hace falta oferta, le enseño los precios de Idealista, los de obra nueva, y le digo que, habiendo gran cantidad de obra nueva, alquiler de vivienda, de habitaciones o venta de segunda mano, por qué no se venden. En Albacete hay, solo en Idealista, 1190 pisos de segunda mano. Yo, teniendo un sueldo de 1400 mensuales estable y casi 43 años, no me quiero hipotecar más de 20 años y un máximo de 500 euros de hipoteca, porque tengo que comer, vestir, pagar suministros o tener para algún imprevisto, como un empaste o un cambio de gafas, que uso progresivas. Para un piso de 150.000 euros, aportando 30.000 euros, a 20 años y un tipo de interés fijo al 2 por ciento, me saldría a pagar 660 euros mensuales. Lo considero una barbaridad, pero si encontrara algo que está bien en Albacete, adelante, de perdidos al río. Pues bien, de las casi 1200 viviendas de segunda mano, solo podría adquirir una de entre 140 viviendas. La mayoría con más años de los que calzo, con una necesidad de reformas, y con edificios que acumularán derramas en los años venideros. Viviendas que no deberían costar ninguna más de 60.000 euros, y algunas, directamente, deberían ser derribadas para, entonces sí, construir. Insisto que el problema de la vivienda es un problema de precios, y es un problema de modelo muerto. Cuanto antes lo aceptemos, antes vendrán las reformas que permitan orientar la mirada a problemas que van a ser mucho mayores en las próximas décadas.