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Cita de: Cadavre Exquis en Ayer a las 06:55:41https://elpais.com/economia/2026-05-14/los-paises-de-la-ue-reclaman-a-bruselas-mas-proteccion-frente-a-modelos-como-el-de-mythos.htmlSaludos.No entiendo esto. Sólo apostilla lo que era obvio. Que hay mucha "característica" oculta. Y que sin el código fuente, estás eventualmente, vendido.
https://elpais.com/economia/2026-05-14/los-paises-de-la-ue-reclaman-a-bruselas-mas-proteccion-frente-a-modelos-como-el-de-mythos.htmlSaludos.
No entiendo esto. Sólo apostilla lo que era obvio. Que hay mucha "característica" oculta. Y que sin el código fuente, estás eventualmente, vendido.
...Solo hay que contestar con una palabra: ESTAFA....
ES LÓGICO QUE TODOS CONVERJAMOS EN LA PALABRA ESTAFA.—Son tres precariedades:• residencial• laboral-poslaboral• sanitaria.Las tres, ideítas del medio pelo resentido en contra del sistema capitalista porque este le impone la planificación central y el fin de sus timojuegos de dinero sin trabajar.Las tres, en nombre de la (falsa) libertad y el (no) mercado.En suma, las tres, contra el Capital & Dinero y la Nación.En la reunión de ayer en Pekín, Xi Jinping, cuando restregó por la cara a Trump la trampa de Tucídides, sabía que al otro lado de la mesa no tenía el pueblo estadounidense, sino a un puñado de trabajadores-directivos superasalariados traidores de clase con la guinda de un magnate inmobiliario hortera, embustero y sin escrúpulos.Pekín es Atenas. Y tú, un bicho espartano.Los bichos espartanos no estamos representados por el sindicato de caseros y trabajadores-directivos, 'pobreticos' meacolonia supuestas víctimas de las regulaciones.A nosotros solo nos queda pronunciar la palabra ESTAFA.
El Pacífico y Tucídides en la ‘Era del Descenso Energético’Los grandes bloques están tomando posiciones para mantener su hegemonía en un mundo con menos recursos y en el que las reglas del juego serán otrasJuan Bordera / Antonio Turiel · 2025.05.27El submarino nuclear estadounidense USS Alexandria durante unas maniobras en la costa de California en julio. · Petty Officer 2nd Class Colby Mo / FlickrAunque la invasión rusa de Ucrania parece situar el centro del teatro de operaciones en el Este de Europa, algo está ocurriendo un poco más alejado del foco, como entre bambalinas. Algo muy importante. El viraje del centro de poder del mundo desde el océano Atlántico hacia el Pacífico. Una mudanza que irá coincidiendo, paradójicamente, con un aumento de las posibilidades de conflicto bélico –incluso nuclear– a gran escala, en una era marcada por el descenso energético. Todo normal y bien.La Administración Biden difundió hace pocos meses el documento Estrategia Indo-Pacífico en el cual declaran: “Ninguna región será más importante para el mundo y para los estadounidenses que el Indo-Pacífico”. Recientemente, China ha cerrado un acuerdo de defensa y seguridad con las Islas Salomón, un acuerdo insignificante, pero que ha puesto nerviosos tanto a estadounidenses como a australianos.Estos sucesos que dibujan una tendencia peligrosa ya han sido analizados por Rafael Poch o Xulio Ríos, quien recientemente alertó del creciente riesgo de conflicto en Taiwán. También lo ha tratado Olga Rodríguez, que en este artículo señala que “la inercia hacia un marco de guerra, como si fuerzas irreversibles de la historia nos llevaran a ella, es evitable”. No podemos estar más de acuerdo con esa frase, y para ello, qué mejor que identificar qué fuerzas son esas, para tratar de entenderlas y así poder desactivar su aparente irreversibilidad.La trampa de Tucídides 2.0La trampa de Tucídides es un concepto creado en 2015 por el politólogo estadounidense Graham Allison. Hace referencia al conflicto entre Atenas y Esparta –narrado por Tucídides en Historia de las Guerras del Peloponeso– como una manera de explicar el dilema que existe entre una potencia hegemónica pero en decadencia (Esparta - Estados Unidos) y otra en ascenso (Atenas - China). El temor a que la potencia emergente acabe siendo la dominante llevó supuestamente a Esparta a iniciar una guerra contra Atenas, la cual ganó, evitando así el ascenso de su rival, aunque pagando un alto precio en forma de desgaste.¿Es Rusia el verdadero rival de Estados Unidos? No, por supuesto que no. Es China. La guerra en Ucrania, Tucídides no lo quiera –y sobre todo tampoco los halcones estadounidenses–, podría ser la antesala de un conflicto mayor para evitar el ascenso final de una potencia emergente que ya domina los sectores industrial y económico. Le falta el militar, aún muy claramente del lado de la organización atlántica. Que vivamos una época nuclear no disminuye el riesgo de que la OTAN –la que se reúne dentro de un mes en Madrid– considere esta opción.Otro factor –probablemente el más importante– que hay que tener en cuenta en esta historia es el energético. EE.UU. es un gran consumidor de energía. China, también. De hecho, superó a EE.UU. hace aproximadamente una década como el primer consumidor de energía del mundo. Y en ambos países el consumo de energía crece sin cesar. Normal: numerosos estudios, como los del economista y profesor de la Sorbona Gaël Giraud, han mostrado que la pretendida desmaterialización de la energía es solo un mito, que si se quiere seguir creciendo económicamente, el consumo de materiales y de energía tiene que crecer, aquí o en el lugar al que hayamos deslocalizado la fábrica que nos suministra los productos.Pero resulta que la disponibilidad de energía en este planeta es finita y que las fuentes de energía no renovables (petróleo, carbón, gas natural y uranio), que nos proporcionan el 90% de nuestro consumo de energía primaria, han tocado techo. Faltando minas y yacimientos tan buenos como los que agotamos en las décadas precedentes, la cantidad de energía que nos proporcionan los combustibles fósiles y el uranio ya no crecerá más. Peor que eso, caerá con fuerza durante esta década, lo que ya se ha empezado a notar, y de qué manera: cortes de luz en China por falta de carbón, falta de diésel y de queroseno para aviones en la costa Este de EE.UU., inventarios de combustible en mínimos por todas partes, aumento de precios generalizado, la verde Unión Europea aumentando la proporción de carbón en el mix…Los grandes bloques están tomando posiciones para mantener su hegemonía en un mundo con menos recursos y en el que las reglas del juego serán otras. Rusia, por razones históricas, miraba hacia Europa y por ello ve con recelo la expansión de la OTAN en los países del Este europeo. Europa, por su lado, mira sobre todo hacia África, como demuestran las operaciones militares auspiciadas por Francia en el Magreb o los planes de producir hidrógeno verde para Alemania patrocinados por el gobierno teutón en Marruecos, Namibia o Congo. China también tiene intereses en África, pero mira todavía más hacia el Sudeste Asiático, pretendiendo extender su área de influencia y ganarle la carrera a su gran rival regional, la India, que aún está demasiado ensimismada en su grandeza y su enorme diversidad cultural y étnica. ¿Y EE.UU.? ¿Hacia dónde mira EE.UU. para afrontar la Era del Descenso Energético?De manera natural, EE.UU. debería mirar hacia Sudamérica, pero se resiste a abandonar su papel de imperio planetario. Con más de 800 bases repartidas en más de 70 países, los amigos americanos tienen todavía intereses repartidos por todo el planeta. Y si bien el expansionismo africano de los europeos no les quita el sueño, sí que les preocupan y mucho las veleidades rusas en Europa, y aún más las ambiciones chinas en el Sudeste Asiático. Por eso EE.UU. ha empezado a girar su atención hacia el Pacífico, con la cada vez más declarada intención de que este océano deje de hacer honor a su nombre.Una parte importante de la estrategia americana se centra en la protección de Taiwán, lugar crítico por ser uno de los dos países (el otro es Corea del Sur) que alberga las más avanzadas fábricas de microchips de última generación. China no ha ocultado nunca su interés por recuperar el control de la que considera una isla rebelde, parte de su territorio nacional. Por eso el juego de maniobras militares estadounidenses, replicadas con maniobras militares chinas, durante los últimos meses. Y unas recientes declaraciones de Biden en su visita a Japón –como buscando complicidades en un lugar nada casual– han añadido un poco más de picante al asunto: “Defenderemos Taiwán si China lo ataca”.Debido a la escalada de tensión, otra parte importante de la estrategia americana son las alianzas en la zona: AUKUS, la reciente entente con Reino Unido y Australia, quien también ve con recelo el avance imparable de la influencia política china en su flanco noroccidental y con la que coincide también en la QUAD: otra alianza militar –en este caso resucitada- que incluye a India y Japón.Y sin embargo China ya está librando su guerra de conquista de manera relativamente incruenta: la primera víctima ha sido Sri Lanka, que recibió con los brazos abiertos las inversiones chinas en puertos y otras infraestructuras y ahora tiene a China como su principal acreedor y negociador en la definición de las condiciones de liquidación económica y política de la gran isla del Índico. Pero Sri Lanka no es el único país en manos chinas, solo el primero en caer: la estrategia de la Nueva Ruta de la Seda de China, financiando nuevas infraestructuras en otros países con créditos aparentemente ventajosos pero en la práctica impagables, dado su alto monto, les está dando grandes réditos.A pesar de que su estrategia de dominio es más comercial que militar, China es bien consciente de la Trampa de Tucídides y sabe perfectamente que EE.UU. no se quedará impasible mientras continúa avanzando escalones hacia la hegemonía de su región, y por eso continúa con su rearme y mostrando su músculo militar cuando precisa. Y a pesar de que EE.UU. apuesta más por la intimidación física, juegan también algunas de sus cartas con sutileza, esperando estrangular el acceso de China a los preciados y cada vez más escasos recursos: de ahí todos los problemas con el carbón australiano que China embargó durante meses o las recientes protestas de Japón por las prospecciones de China en el Mar de la China.Todo este vertiginoso choque de trenes a cámara lenta es la consecuencia lógica de una actitud ilógica: la de intentar mantener el crecimiento infinito en un planeta finito. Una idea no solo equivocada, sino suicida. Una idea que nos puede llevar a muchas otras guerras. Nuevas ucranias que tendrán que sucumbir al horror de la más nociva y peligrosa de las ideas que ha conocido este planeta: la del crecimiento infinito.¿Hay acaso algo más estúpido que una guerra? Pueden apostar que sí: una guerra cuando los recursos menguan rápidamente y cuando la única respuesta posible al reto ecológico que tenemos delante es compartida, cooperativa.La única solución a la trampa de TucídidesSi queremos solucionar este enredo hay que reconocer la hipocresía de Occidente: por un lado consideramos cualquier mínimo gesto, como el del acuerdo con las Islas Salomón, de una China poco expansionista –al menos militarmente– como una amenaza para nuestra seguridad. Por otro lado, la expansión de la OTAN ha sido espectacular en estos últimos 30 años. Y luego nos extraña que un país que ha sido invadido dos veces en los últimos 200 años por ejércitos europeos (Napoleón y Hitler) tema que pueda haber una tercera invasión, y que a la tercera, ya se sabe. Hasta el papa Francisco comprende esto perfectamente y no teme decir que la guerra de Ucrania quizá ha sido provocada por los “ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia”.¿Esto quiere decir que la OTAN sea la mala de la película y Putin una novicia inocente? En absoluto. Putin es un sátrapa autoritario, liberticida, y la invasión no se puede justificar de ninguna manera. La solución a la Trampa de Tucídides es precisamente esa, salir de esquemas maniqueos de “buenos y malos”, asumir la complejidad de las relaciones geopolíticas e internacionales, y empezar a reconocer que va a ser imposible hacer frente a los retos que tenemos como civilización si pensamos en seguir creciendo. Cuando el espacio o los recursos energéticos son finitos más te vale dejar de crecer salvo que tu intención sea aplastar a los de al lado.Toca cooperar para enfrentar el dilema del prisionero global que conforman la crisis climática y la energética, un enredo en el que estamos todos metidos y del que no se puede salir bien parado mediante guerras. La Trampa de Tucídides 2.0, es evidente, no tendrá vencedor alguno. En el Otoño de la civilización todas son potencias crepusculares. Puede haber un bando que pierda menos, sí, pero el riesgo de destrucción mutua total no existía en los tiempos de las Guerras del Peloponeso. La única opción pacífica es que la potencia dominante renuncie a dominar militarmente a la ascendente y la ascendente sea generosa con la que le deja espacio sin guerrear.Necesitamos imaginar una política que no sea de bloques. No necesitamos recetas conocidas o suaves reformas. Necesitamos un cambio enorme en poco tiempo, pero que aún es posible. Hagámosle caso a Tolstoi, que algo sabía de guerras y paces cuando escribió “pensamos que todo está perdido cuando se nos hace salir de nuestro sendero habitual, pero es ahí precisamente donde empieza lo nuevo y lo bueno”.
VIVIENDAS ALQUILER>La crisis de la vivienda eleva el hacinamiento a niveles récord: “Somos cuatro en una habitación y con una sola cama”España es el segundo país europeo donde más ha crecido la sobreocupación residencial desde 2019, solo detrás de IrlandaMadrid - 16 MAY 2026 - 18:38|ACTUALIZADO: 16 MAY 2026 - 18:40CESTEn el cuarto piso de un edificio sin ascensor en Sevilla, la cotidianidad de Yulitza Zambrano se mide en turnos de cocina y en el espacio exacto que ocupa una cama individual. A sus 39 años, esta venezolana gestiona una intendencia doméstica imposible. Comparte una habitación pequeña, diseñada para una sola persona, con su hijo de 16 años. “Él a veces llora, se pone triste porque quiere su propio espacio y se imagina otro hogar”, relata. Paga 450 euros al mes por este espacio, tras haber sufrido acoso y xenofobia por parte de un casero anterior que aprovechó su vulnerabilidad por ser migrante. En total, hay 10 personas conviviendo en cuatro habitaciones, con un solo cuarto de baño y un frigorífico cuya capacidad no alcanza para almacenar los alimentos de todos.Con tantas personas en un mismo piso, la vivienda ha dejado de ser un espacio de intimidad para convertirse en una mera parada logística. Yulitza se levanta a las cinco y media de la mañana para cocinar antes de irse a trabajar. Tiene dos empleos; de 10:00 a 16:00 horas trabaja como teleoperadora en un call center, y de las 17:00 hasta las 21:00 horas, como limpiadora en distintos hogares. No vuelve a su habitación hasta bien entrada la noche, justo el tiempo necesario para dormir y volver a repetir la operación. Su hijo se las ingenia durante esas horas para hacer los deberes y comer en el mismo cuarto, el único espacio que tienen disponible, porque la vivienda está tan saturada que ni siquiera dispone de salón.Su caso no es una anomalía estadística. Por el contrario, se trata de una realidad habitacional que ha ido ganando terreno en España. Los últimos datos publicados por Eurostat, la agencia estadística de la Unión Europea, muestran que el 20,5% de los inquilinos que alquilan a precios de mercado vive en condiciones de hacinamiento, lo que supone un incremento superior al 25% respecto a las cifras previas a la pandemia. España se ha consolidado como el segundo país europeo donde más ha crecido la sobreocupación residencial desde 2019, solo por detrás de Irlanda, en un fenómeno que los expertos vinculan a una brecha cada vez más profunda entre unos salarios estancados y unas rentas que han escalado hasta un 30% en el último lustro.Para Juan Antonio Módenes Cabrerizo, profesor del Departamento de Geografía de la UAB e investigador en el Centro de Estudios Demográficos, estos datos no responden a un bache pasajero, sino a una desconexión entre la demografía y la política habitacional. Según el experto, mientras no cambien los parámetros del sistema actual, la situación empeorará porque “el crecimiento de los hogares potencialmente es mayor que el meramente de la población y no encuentra un crecimiento de la oferta en consonancia”. Esta falta de vivienda suficiente está creando, según Módenes, un “paradigma de necesidades insatisfechas de vivienda” que lastra la capacidad de ahorro y bloquea las decisiones estratégicas de vida de miles de residentes.Aunque la tasa de hacinamiento general del país (9,5%) se mantiene por debajo de la media europea debido a la acumulación histórica de patrimonio residencial en las familias, esta cifra actúa como un espejismo estadístico que oculta la emergencia habitacional de quienes no tienen acceso a la propiedad.Las organizaciones que trabajan en la primera línea de la exclusión social han detectado este cambio. Carmen Ruiz, coordinadora estatal del área de inclusión de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), explica que la organización busca cada vez más habitaciones y menos pisos, “incluso para familias de dos o más personas, porque no se pueden pagar viviendas solas”. Este retroceso en los estándares de vida afecta de manera desproporcionada a los migrantes, que a menudo se ven obligados a aceptar condiciones abusivas.En Madrid, la precariedad está encontrando un nicho en la ilegalidad de los locales reconvertidos. Laura Prieto, de 47 años, habita junto a su perro en lo que describe como un “zulo” de apenas 10 metros cuadrados. Se trata de un antiguo local comercial sin cédula de habitabilidad por el que paga más de 500 euros mensuales. Su caso es una ventana a un ecosistema de explotación. En su edificio, propiedad de un rentista con otros edificios en la zona de Sol, conviven familias enteras en espacios idénticos al suyo. Esta extrabajadora de la ONCE relata cómo parejas con niños, entre las que destacan una de origen filipino y otra ecuatoriana, se administran en estos cubículos donde “tienen que usar colchones que se guardan debajo de la cama” para poder moverse durante el día.Para el doctor en antropología económica e investigador en el Instituto de Investigación Urbana IDRA, Jaime Palomera, esta situación no es una consecuencia accidental del mercado, sino una estrategia deliberada de fragmentación del espacio. El analista identifica una lógica empresarial diseñada para obtener más rentabilidad por metro cuadrado, dividiendo las viviendas en unidades mínimas de coliving, a menudo mediante contratos de corta duración que evitan la estabilidad del inquilino y permiten una rotación constante de precios.Otro ejemplo de esta emergencia habitacional es Diana Lora Effio, una madre soltera de origen peruano, que vive con sus tres hijos de 14, 11 y 5 años en una habitación en el distrito madrileño de Usera, por la que paga 500 euros al mes. En los últimos meses, su familia se ha visto envuelta en una tragedia tras otra, primero al verse obligada a dejar su piso después de que el casero le subiera la renta de 600 a 800 euros y, posteriormente, al ser estafada con 4.000 euros por un falso alquiler que terminó en un desalojo policial traumático frente a sus hijos. Esta mujer de 42 años resume su realidad actual con una frase que evidencia el colapso de su privacidad: “Somos cuatro en una habitación y una sola cama”.Para sortear la falta de espacio, esta familia ha optado por pasar la mayor parte del día en el parque a fin de evitar la tensión de un piso compartido entre siete, donde el uso del baño y la cocina es una batalla diaria. “Es frustrante porque ya llevo ocho años aquí y en vez de superarme estoy retrocediendo”, lamenta. Diana sobrevive con menos de 1.000 euros al mes realizando manicuras y limpiando casas, sin contrato, para poder cuidar de su hija menor. Y a pesar de su actual situación, se aferra a la posibilidad de poder encontrar una casa para que sus hijos crezcan en un buen entorno.En Sabadell, Suyapa Orellana, una hondureña de 29 años, comparte una habitación de 12 metros cuadrados con su marido y su hijo de 10 años. A pesar de tener regularizada su situación migratoria y tener trabajo, los requisitos de dos años de empadronamiento y tres nóminas fijas para acceder a un piso público mantienen atrapada a esta familia en una convivencia con otras siete personas.[/b] Suyapa ha tenido que normalizar la falta de intimidad absoluta, instalando dos camas matrimoniales en su cuarto para asegurar que su hijo crezca con cierta estabilidad, mientras ahorra con tenacidad para una futura entrada de un piso cuyo precio difícilmente bajará de los 200.000 euros.Presión habitacionalEl caso de estas mujeres ilustra una tendencia que Módenes califica de crítica. Lo que antes era una fase transitoria para quien llegaba a España, ahora se está cronificando. “La alternativa habitacional que le concedemos [a la población inmigrante] es el hacinamiento, porque de etapa temporal relacionada con la llegada se está convirtiendo en una situación permanente”, advierte el catedrático. A diferencia de los jóvenes españoles, que suelen vivir con sus padres “hasta edades avanzadas”, los migrantes se enfrentan a un mercado que les impide evolucionar vitalmente, lo que para muchos termina siendo el primer paso para asumir un cierto “fracaso en el proyecto migratorio” que podría derivar en un aumento de los retornos.En cualquier caso, la presión habitacional no es un fenómeno exclusivo de la población extranjera. También erosiona la capacidad de movimiento de los nacionales. Los catedráticos advierten de que el sistema está fallando incluso a quienes hasta hace poco tenían una inserción estable. Hoy, las “parejas de doble ingreso” o jóvenes con “buenas perspectivas laborales” se encuentran con que los precios del mercado libre son sencillamente “inasumibles para sus salarios”, insiste Módenes.Es en este punto donde José García Montalvo, catedrático de Economía en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), identifica un fenómeno de inmovilidad forzosa y considera que el flujo de salida de las viviendas se ha bloqueado. “Hay muchas parejas, por ejemplo, que querrían divorciarse”, explica Montalvo, pero la realidad material de no poder pagar un segundo alquiler o acceder a otra hipoteca las obliga a mantener la convivencia bajo el mismo techo. Este estancamiento, donde la falta de oferta impide que los hogares se dividan o crezcan de forma natural, es lo que explica que el hacinamiento entre propietarios con hipoteca se haya duplicado en apenas cinco años, escalando del 3,5% al 7,8%.La crisis de vivienda no solo está redefiniendo cómo vive la gente, sino también cuánto está dispuesta a ceder para poder quedarse dentro del mercado. Sus efectos son inmediatos, pero también dejan una huella a largo plazo que probablemente marcará a los hijos de Yulitza, Diana y Suyapa. Todos ellos comparten un síntoma común: la pérdida de un espacio propio para la construcción de su identidad. La precariedad habitacional no solo reduce el espacio, también limita la vida privada y deja a muchas personas expuestas a la arbitrariedad de algunos propietarios.El escenario se enmarca en un momento crítico, pues a lo largo de este año, el país atraviesa una revisión masiva de los contratos de alquiler que se firmaron durante la pandemia, un proceso que amenaza con agravar la crisis tras la anulación por parte del Congreso del decreto que prorrogaba hasta dos años más las condiciones de dichos arrendamientos. Sin este blindaje legal, que buscaba evitar subidas drásticas y mantenía un tope en la actualización de las rentas, miles de hogares se enfrentan a un encarecimiento de sus contratos como el que sufrió Diana. Y al igual que ella, la falta de alternativas habitacionales convierte la sobreocupación en la única salida frente al desahucio.
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VIVIENDAS ALQUILER>La crisis de la vivienda eleva el hacinamiento a niveles récord: “Somos cuatro en una habitación y con una sola cama”España es el segundo país europeo donde más ha crecido la sobreocupación residencial desde 2019, solo detrás de Irlanda
Streeting: UK should re-join EUEPA/TOLGA AKMENFormer British Health Secretary and possible rival to Prime Minister Keir Starmer for the leadership of the Labour Party, Wes Streeting, stated on Saturday that Britain should re-join the European Union (EU).Speaking at a conference of the Labour-affiliated group Progress, Streeting noted that "We need a new special relationship with the EU, because Britain’s future lies with Europe - and one day back in the European Union," arguing that the 2016 exit from the bloc was a "catastrophic mistake.""In 2026, the British people increasingly see that in a dangerous world, we must club together, both to rebuild our economy and trade, and improve our defense against the shared threats from Russian aggression and the retreat of America First," he said.