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Tomasjos, entiendo que cada uno tiene sus tendencias políticas, pero de verdad que no veo como un cambio de gobierno afectaría al desarrollo de lo que tiene que ocurrir. Al fin y al cabo la historia tiene leyes objetivas, ¿no?Por otra parte, ¿qué diferencia hay entre el PSOE y el PP? Elena Salgado, Pedro Solbes, Carlos Solchaga, Miguel Boyer podrían haber sido ministros del PP y nadie habría notado nada. Es más, yo creo que es mejor que gobierne el PP para zanjar la burbuja de una vez por todas. Por un motivo que no es político sino sociológico: Con el gobierno actual muchísima gente entendería que es normal que con un gobierno de comunistas corruptos e independentistas se vaya todo a la mierda. Pero confiarían en una recuperación, como ya ha ocurrido una vez. Si El Pisito se va a la mierda con un gobierno del PP se acabó. Pero si el razonamiento es incorrecto se agradecen los comentarios. Un saludo.
Vivienda - InmobiliarioLa caída sin fin de los precios de la vivienda se convierte en la mayor pesadilla de la 'indestructible' economía de Nueva ZelandaEl 'efecto riqueza' está afectando al consumo y a la inversión de la economíaCon un elevado porcentaje de propietarios, la caída del precios castiga la economíaEl mercado parece haberse congelado en algunos puntos: ni se vende ni se compra27/05/2026La subida del precio de la vivienda se ha convertido en la gran amenaza para la economía de cientos de miles de familias en buena parte del mundo desarrollado. Hasta hace muy poco Nueva Zelanda era un claro ejemplo, es más, era uno de los más llamativos, puesto que este pequeño país situado en las antípodas de España fue escenario de uno de los mayores booms inmobiliarios del mundo. El boom ha terminado, lo que a primera vista parece algo positivo (por fin la vivienda empieza a caer de precio), pero sin embargo ahora se encuentra ahora atrapada en una prolongada crisis del mercado de la vivienda, dejando al descubierto hasta qué punto la economía del país dependía de la continua subida del precio de las casas. El desplome, provocado por años de crecimiento de la oferta, el aumento de los costes de financiación y una menor inmigración, está frenando el crecimiento económico, golpeando la riqueza de los hogares y cambiando la forma en la que la población percibe la vivienda.En una sociedad donde buena parte de la población es propietaria e casero, la caída del precio de la vivienda se convierte en una bendición para los nuevos compradores (inmigrantes que llegan, jóvenes que se emancipan...) y para los inquilinos, pero al mismo tiempo puede ser una pesadilla para esa otra parte del país que había comprado vivienda para obtener una renta extra o impedir que la inflación erosionase su poder adquisitivo. Desde 1992 hasta hoy, la economía de Nueva Zelanda solo se ha estancado o retrocedido en dos años (2008 y 2020). Este país parece indestructible en términos económicos, sin embargo, la caída de precios de la vivienda está generando un estancamiento de la actividad casi inédito.Como explican desde la agencia Bloomberg, la caída del precio de la vivienda está generando auténticos estragos en la economía del país. La corrección del mercado está generando pérdidas para propietarios como Rochelle Hikuroa, que compró una casa en Wellington en 2023 convencida de que era un camino hacia la prosperidad. Pero con un bebé en camino, ella y su pareja decidieron vender la vivienda y mudarse a su ciudad natal en Australia. No recibieron ninguna oferta y ahora alquilan la propiedad, aunque la renta mensual no basta para cubrir la hipoteca. "Estamos en una situación en la que nos encantaría vender la casa, pero no podemos", afirma Hikuroa, de 38 años. "Piensas que estás haciendo lo correcto: entrar en el mercado, pagar la hipoteca. Pero estamos atrapados".Nueva Zelanda, un país de apenas cinco millones de habitantes, es un ejemplo extremo de lo que sucede cuando un boom inmobiliario llega a su fin. Los precios caen y eso termina contribuyendo a un malestar económico más amplio. Sus problemas reflejan el dilema al que se enfrentan gobiernos de todo el mundo de cómo hacer que la vivienda sea más asequible sin destruir riqueza ni perjudicar a la economía.Ese equilibrio está en el centro del debate inmobiliario en EEUU o en España, donde el presidente Donald Trump y Pedro Sánchez en España han convertido el acceso a la vivienda en una cuestión clave. Canadá, cuya economía depende enormemente del sector inmobiliario al igual que Nueva Zelanda, ha sufrido una desaceleración similar tras la pandemia, afectando a la construcción y al crecimiento económico. El Reino Unido lucha por contener unos precios que siguen deteriorando la accesibilidad a la vivienda. Australia, inmersa en una crisis inmobiliaria histórica, empieza también a notar una desaceleración del mercado a medida que la inflación y los altos tipos de interés dañan la demanda.Para los responsables políticos, las opciones son duras, por un lado está permitir que los precios caigan y asumir el golpe sobre el crecimiento y la riqueza de los hogares; dejar que el mercado mantenga los precios elevados y condenar a toda una generación a quedarse fuera; o intentar un aterrizaje suave mediante tipos más bajos y más oferta de vivienda, un equilibrio que hasta ahora ha resultado muy difícil de lograr.En Nueva Zelanda, el precio medio de la vivienda ha caído un 16% desde el máximo de 2021 y hasta un 27% en Wellington, una de las regiones más afectadas. Los daños colaterales se acumulan. Más de 2.200 constructoras han quebrado desde 2022. Las viviendas en venta se acumulan mientras los vendedores son incapaces de "aceptar la realidad del mercado", al tiempo que los compradores esperan descuentos mayores. Entre el 15% y el 20% de las viviendas vendidas en Auckland y Wellington durante el primer trimestre se cerraron con pérdidas."Si miras nuestra historia, hemos tenido periodos en los que los precios subían o se mantenían planos", explica Bernard Hickey, veterano analista inmobiliario neozelandés. "Pero nunca habíamos vivido una situación como esta, con precios planos o cayendo durante más de cuatro años. No solo es algo inusual, es políticamente peligroso y tóxico para un país acostumbrado a que el precio de la vivienda siempre suba".Una economía dependiente de la viviendaDurante muchos años, la economía neozelandesa parecía inseparable de su mercado inmobiliario. Hickey ha llegado a describir el país como "un mercado inmobiliario con trozos de economía pegados alrededor".Como ocurrió en buena parte del mundo, la demanda inmobiliaria se disparó durante la pandemia de covid-19, impulsada por unos tipos de interés extremadamente bajos y por el estatus de esta economía como refugio seguro a nivel regional (instituciones fuertes, una economía muy sólida y gobiernos relativamente estables) y global, lo que atrajo incluso a multimillonarios como Peter Thiel o Larry Page, según señalan desde la agencia Bloomberg. En 2021, el precio de la vivienda subía cerca del 30% anual, situando a Nueva Zelanda en lo más alto del ranking de Bloomberg Economics sobre países con mayor riesgo de burbuja inmobiliaria.Los compradores corrían desesperadamente por entrar en el mercado realizando operaciones sin demasiado análisis comprando propiedades para invertir, segundas residencias, cualquier cosa con cuatro paredes. Las visitas estaban abarrotadas, las subastas llenas hasta la bandera y muchas viviendas se vendían mediante ofertas cerradas, obligando a los compradores a jugárselo todo a una sola propuesta.Los precios llegaron a equivaler a 8,3 veces la renta media de los hogares en el pico de 2021, según la consultora Infometrics. Tradicionalmente, una vivienda se considera asequible cuando cuesta unas tres veces los ingresos familiares. El Gobierno neozelandés sufrió una enorme presión política para enfriar el mercado inmobiliario, aunque tenía pocas herramientas. El banco central empezó limitando los préstamos con bajos requisitos de entrada y, en octubre de 2021, inició una agresiva subida de tipos ante el repunte de la inflación, elevando las tasas oficiales en doce ocasiones.La mayoría de los neozelandeses firman hipotecas a tipo fijo, pero por menos tres años, por lo que quedan rápidamente expuestos a los nuevos tipos de interés. Como consecuencia, las subidas de tipos se trasladaron rápidamente a las cuotas hipotecarias, hundiendo la demanda. El cambio ha sido brutal para profesionales como Alison Hawkes, asesora inmobiliaria en Wellington. "Hubo una época en la que habría vendido hasta una caja de cartón al borde de la carretera: cualquiera compraba cualquier cosa con tal de entrar en el mercado", explica. "Ahora la gente es mucho más exigente y cautelosa".La crisis está destruyendo además el llamado 'efecto riqueza'. Cuando los precios de las viviendas subían, los propietarios se sentían más ricos y gastaban más dinero: reformaban cocinas, arreglaban jardines o mejoraban sus casas. Ahora, con los precios cayendo, esa confianza se ha evaporado y el consumo ligado a la vivienda también.El constructor Paul Webster-Young asegura que solo la perseverancia le ha permitido sobrevivir estos tres años. El empresario, de 49 años, dirige Twin Solutions al norte de Auckland y nunca había visto una situación tan dura en sus 25 años de experiencia.Antes del covid empleaba a nueve trabajadores; hoy solo tiene tres. Los proyectos que antes llegaban de forma constante a través de arquitectos prácticamente han desaparecido, mientras el sector atraviesa lo que algunos describen como su peor crisis en medio siglo. Ahora la mayoría de los encargos provienen de antiguos clientes que solo pueden permitirse proyectos pequeños: ampliaciones en vez de grandes reformas."Algunos trabajos que aceptamos ahora ni siquiera los habría mirado hace tres años", asegura. "Antes hacíamos reformas de entre 800.000 y un millón de dólares neozelandeses. Ahora estamos haciendo trabajos de entre 120.000 y 180.000". Y ni siquiera esos proyectos son seguros. "El año pasado tenía dos obras de unos 350.000 dólares listas para firmarse y ambos clientes fueron despedidos", recuerda.La vivienda y su impactoPara los neozelandeses, esta crisis está provocando una reflexión más profunda sobre cómo se crea riqueza y hasta qué punto la economía debería depender de la vivienda. Karen Silk, subgobernadora del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda, cree que el ajuste podría acabar generando una economía más equilibrada."Creo que es saludable que Nueva Zelanda tenga una historia inmobiliaria más equilibrada", afirma. "Y que los neozelandeses piensen más a largo plazo y en activos más productivos". Una encuesta de confianza inversora publicada por ASB Bank en marzo mostró que, por primera vez en años, poseer vivienda o propiedades de inversión ya no se considera la mejor inversión. Los fondos de pensiones KiwiSaver y otros fondos gestionados aparecen ahora mejor valorados.Para los jóvenes, comprar vivienda ya no se percibe como un camino automático hacia la seguridad económica. Los baby boomers retrasan la venta de sus casas esperando una recuperación de precios, ralentizando el traspaso generacional de riqueza inmobiliaria. Cambios vitales que antes eran normales (pasar de un piso a una casa o de tres a cuatro dormitorios) empiezan a retrasarse porque muchos propietarios no quieren asumir pérdidas."¿Qué ocurre cuando la gente quiere reducir tamaño?", se pregunta el ex primer ministro John Key. "Aunque vendan una vivienda grande y compren otra más pequeña, muchas veces no se moverán si sienten que no están obteniendo un precio suficiente", según recoge la agencia Bloomberg.Pero para algunos, la caída de precios ha traído justo lo que muchos países buscan desesperadamente, que es una entrada o accesibiliad más sencilla al mercado inmobiliario. Los compradores primerizos representaron el 27,5% de las compras de vivienda en Nueva Zelanda durante el primer trimestre, cerca del récord del 28,2% registrado a finales del año pasado. En Wellington llegaron al 37% de las transacciones.Felicity Lane y Daniel Cleland, ambos de 25 años, planeaban viajar tras acabar sus estudios. Pero empezar a trabajar justo durante la pandemia les obligó a replantearse esos planes. Poco después ya estaban ahorrando para la entrada de una vivienda. "Es más fácil viajar más adelante que volver a ahorrar para una casa", explica Cleland. Además, Lane asegura que sabían que los precios estaban cayendo y que era un buen momento para comprar.Encontraron un terreno de algo más de media hectárea en las afueras de New Plymouth, una ciudad de unos 60.000 habitantes situada bajo el monte Taranaki, y descubrieron que podían comprar el terreno y construir una pequeña casa de dos habitaciones por unos 700.000 dólares neozelandeses, aproximadamente el mismo precio que una vivienda antigua para reformar en la ciudad. "Cuando tengamos una situación financiera mejor y podamos construir un tercer o cuarto dormitorio, lo haremos", explica Lane. "No estamos construyendo para vender. Estamos construyendo para vivir".
Cita de: neutron_mortgages en Hoy a las 10:14:35Tomasjos, entiendo que cada uno tiene sus tendencias políticas, pero de verdad que no veo como un cambio de gobierno afectaría al desarrollo de lo que tiene que ocurrir. Al fin y al cabo la historia tiene leyes objetivas, ¿no?Por otra parte, ¿qué diferencia hay entre el PSOE y el PP? Elena Salgado, Pedro Solbes, Carlos Solchaga, Miguel Boyer podrían haber sido ministros del PP y nadie habría notado nada. Es más, yo creo que es mejor que gobierne el PP para zanjar la burbuja de una vez por todas. Por un motivo que no es político sino sociológico: Con el gobierno actual muchísima gente entendería que es normal que con un gobierno de comunistas corruptos e independentistas se vaya todo a la mierda. Pero confiarían en una recuperación, como ya ha ocurrido una vez. Si El Pisito se va a la mierda con un gobierno del PP se acabó. Pero si el razonamiento es incorrecto se agradecen los comentarios. Un saludo. Neutron_mortgages, es cierto que la historia tiene leyes objetivas, pero también es verdad que pueden atrasarse o acelerarse por la acción de los dirigentes. Que Roma iba a caer era de manual, pero hombres como Diocleciano o Valentiniano I contribuyeron a retrasar lo inevitable. Otro ejemplo, en el 43 se sabía que el Eje iba a perder la guerra, pero la declaración de Totalkrieg por parte de Goebbels, y la resistencia fanática nazi retrasó dos años el final. Sin embargo, Stauffemberg, de haber triunfado, habría acelerado el final de la guerra con menos muertes y destrucción. En nuestro caso, semejante al anterior, lo inevitable sería, no solo el desplome del ladrillo sino de todo el modelo civilizatorio anglo, con su epónimo, Estados Unidos, en favor del modelo de capitalismo centralizado que viene de Eurasia. Sin embargo, una victoria del PP, y peor aún, de la resistencia fanática del "hacer haga" de los anglófilos españoles con Aznar a la cabeza, retrasaría a costa de mucho dolor, ese cambio de modelo. Mucho dolor porque tratarían de mantener al coste que fuera, el modelo muerto, exacerbando las desigualdades que genera, además de colocarnos al lado del bando perdedor, el anglo, en un vano intento de dar la vuelta a la situación sumando fuerzas con este último- no en vano los intereses de la facción anglofila, su presente y futuro económico y posición dominante están unidos a esa subordinación a Washington y Londres . Sin embargo, con toda la corrupción que se quiera, que no la niego, lo único que esta haciendo bien Sánchez es colocarnos del lado del ganador en esta III Guerra Mundial, a la que no le puede quedar mucho antes de la implosión estadounidense, que debería empezar en las midterms. Si se aguanta hasta abril o mayo del próximo año, probablemente los anglófilos no tendrán ya el apoyo del otro lado del Atlántico, que tendrá sus propios problemas ,con lo que no podrán evitar el cambio de modelo y la muerte definitiva no solo del ladrillo, sino de toda la "civilización" popularcapitalista que adopto Europa y el mundo anglosajón.Además, una vez agotado el PSOE, desaparecerá como traidor que ha sido a la clase trabajadora, y habrá una nueva formación auténticamente socialdemócrata que represente los intereses de las clases trabajadoras - se que suena naif, pero será necesario siempre esa formación - y comparta el gobierno con una derecha depurada de neoliberalismo y de anglófilos.Esas son las razones por las que pienso que esto tiene que aguantar.