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Autor Tema: La Leyenda de los Lagomorfos  (Leído 33 veces)

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conejo

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La Leyenda de los Lagomorfos
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La Leyenda de los Lagomorfos

Capítulo I

En el antiguo reino de Conejistán todos sus habitantes crecían escuchando la misma promesa:

—“Algún día tendrás tu propia madriguera.”

Y así comenzaba la gran carrera.

Los conejos jóvenes y llenos de vida encontraban pareja pronto. Requerían de una madriguera grande con espacio para las crías porque las futuras camadas necesitaban estar a resguardo.

Llenaron sus nuevas madrigueras con pequeños gazapos y en los comederos no faltaban zanahorias en aquellas primaveras largas y felices. Todo parecía destinado a durar para siempre. Durante años —décadas incluso—, aquello funcionó con un ritmo que todos consideraban perfectamente conveniente y normal.

Abundaban las zanahorias y aquellas madrigueras, a pesar de estar construidas con alambre tejido y chapa, y amontonadas unas sobre otras formando grandes prismas —como extrañas colinas cuadradas—, tenían todo el espacio necesario: reproducirse tenía todo el sentido del mundo. Las crías corrían por los túneles llenando el espacio con el ruido de sus patitas, y la vida parecía explotar en cada rincón.

La civilización conejil vivió el sueño de una armonía disfuncional con la naturaleza, y terminó por creer que aquella abundancia era el estado natural del mundo, llegando a pensar que las zanahorias jamás dejarían de aparecer en sus comederos.

Pero en Conejistán nadie quería admitir que la vida, aunque transcurra a la velocidad de una tortuga, siempre termina por adelantar a los conejos que se duermen.

(Continuará)


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