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Autor Tema: Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Otoño 2025  (Leído 392350 veces)

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Asdrúbal el Bello

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Otoño 2025
« Respuesta #3270 en: Hoy a las 16:06:27 »
FICHA || EL 'PATRÁS'.—

En condiciones normales de mercado, el precio de la vivienda se forma 'palante' (para adelante). El primer coste es el suelo. El segundo, la construcción. Y el tercero, el margen del promotor. No hay más que estos tres conceptos principales de coste de la vivienda: suelo, constructor y promotor. Además, hay dos costes secundarios entrelazados o diseminados en cada fase y subfase del proceso de promoción-construcción: financieros y tributarios.

Pero desde mediados de los 1980 no estamos en condiciones normales de mercado, sino que hemos montado una estafa.

Bajo la estafa del Ladrillo, en la adquisición de vivienda, ya sea de la propiedad, ya del uso, hay presente un impuesto privado, es decir, un ingreso coactivo que no es público: la renta que el agente privado «saca» (en efecto, así se dice vulgarmente): el dinero que extrae el transmitente o cedente a modo de gravamen o arancel, que parasita la renta previa del adquirente o cesionario.

Tan es así que el enfoque fiscal correcto empezó distinguiendo dos tramos en el precio: el razonable 'de mercado' y lo otro, que al principio de la estafa incluso llegó a calificarse oficialmente como donación (Disposición adicional cuarta de la Ley 8/1989, de 13 de abril, de Tasas y Precios Públicos, ya derogada: «En las transmisiones onerosas por actos 'inter vivos' [...], cuando el valor comprobado a efectos del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales [valor real] exceda del consignado por las partes en el correspondiente documento [...], [el exceso] tendrá para el transmitente y para el adquirente las repercusiones tributarias de los incrementos patrimoniales derivados de transmisiones a título lucrativo».).

La coactividad está en que la vivienda es un producto de primera necesidad y consumo obligatorio. El carácter no público, en que el destino del plus a pagar coactivamente no es el fisco de ninguna administración pública, sino el bolsillo del agente privado, aunque su establecimiento, gestión, recaudación, y régimen sancionador, es inviable sin la colaboración de estas.

Suele creerse que el coste del suelo «es» el impuesto privado inmobiliario ('private taxation'). Pero no es así. Lo que ocurre es que el suelo es el único concepto de coste que permite crear la ilusión de que no hay estafa, sino mercado. El suelo es la única coartada.

¿Qué es el impuesto privado, entonces? Ya lo hemos dicho. El impuesto privado es lo que le sobra al precio: el tique para participar obligatoriamente en el timojuego de dinero sin trabajar del Ladrillo. Para entenderlo no hay que poner el foco al principio del proceso productivo (promoción-construcción), sino al final (comercialización).

«El suelo 'vale' en función de lo que se pueda sacar vendiendo el producto inmobiliario final», como dicen los promotores cuando se sinceran. Si se les regala el suelo, entonces, sencillamente, no trabajan, porque, «¿para qué trabajar si construcción y promoción son actividades industriales que no pueden dar la nota?: no vamos a poder incrementar apenas nuestro patrimonio... mejor invertir en deuda pública estadounidense».

Como se dice en la calle, «el suelo vale lo que se le puede sacar al bicho por la vivienda que se construye sobre él».

La cuestión ni siquiera está en de qué depende lo que se te puede sacar. Lo que se hace es simplísimo, como corresponde en toda estafa: llevar el nivel de valores de catálogo a límites absurdos para, después, ir bajando la presión (a poder ser, poco a poco), hasta que el bicho cree estar ante una oportunidad de entrar en la rueda de la estafa, y se vuelve a dejar exprimir.

La lógica de mercado no es aplicable. Lo que funciona es la irracionalidad de toda estafa. No hay nada que sea ni «de 1.º de Económicas» ni «de 5.º». Todo es «de 'kie'», es decir, rudimentos del cabecilla carcelario, que obtiene poder a través del miedo y la violencia sobre el resto de reclusos.

Si el bicho se revuelve, se le ahorma mediante acciones ejemplarizantes en los tres frentes cómplices: mediático, político y judicial.

En suma, el suelo es el último elemento del 'patrás' de la estafa del Ladrillo. Los precios de la vivienda que tú pagas no se fijan 'palante', es decir, por el método del coste incrementado (suma de costes más los márgenes de produccción), sino 'patrás', con la estrategia de descremado mediante manipulación de valores de catálogo, tanteando «cuánto podemos sacar».

Se parte, pues, de la cantidad que a extraer o extraída. Y, a continuación, para conseguir la impunidad de la estafa, se restan costes (construcción y promoción no pueden ser nada más que 'de mercado' por razones de moral y orden público), hasta situar el presunto 'problema de la vivienda' en eso que llamamos suelo (terreno edificable), es decir en la órbita de la responsabilidad de los poderes públicos competentes en materia de vivienda y urbanismo; y, así, el estafador no solo queda exculpado, sino convertido en falsa víctima... forrada.

El suelo es el único concepto de coste capaz de absorber las fortunas con las que se despluman de por vida a los desgraciados jugadores de la estafa del Ladrillo: los trabajadores... y sus empleadores, que son quienes en definitiva tienen que financiar este crimen vía salarios.

Vale.

¿Entonces qué hacemos para hacer justo el acceso a un bien de primera necesidad como es la vivienda?

Miremos al futuro:

A. Castigar a los malvados.

B. Resarcir a las víctimas.

Y para eso hay que crear instrumentos concretos, para que en el interim la gente pueda vivir, formar familia, y no entregar su vida entera a una estafa.

La vivienda no puede seguir siendo un mecanismo de expolio para la parte viva y palpitante de la sociedad, familia y empresa, que alimente un tumor que crece y crece.

Ni tampoco podemos ser unos Jeremías en el desierto. ¿No hay solución más allá de la de Sansón, Dalilah y sus filisteos? Recordemos que Dalila, al final, escapa indemne.

senslev

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Otoño 2025
« Respuesta #3271 en: Hoy a las 17:52:54 »

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The 'K-Shaped' Economy In One Graph

Tyler Durden · 2025.11.30

Tuesday’s weak Consumer Confidence report was a good reminder of why some economists are calling our economy the K shaped economy.

As RealInvestmentAdvice.com reports, The Conference Board Consumer Confidence Index fell 6.8 points to 88.7 in November, below expectations of 93.

Moreover, it sits at levels similar to those of early 2020, when the pandemic shuttered the economy. Similarly, the University of Michigan Consumer Sentiment survey is slightly above 70-year lows.

Both surveys indicate that a large majority of consumers are struggling.

Within the surveys, the outlook on current jobs and job availability is low.

Inflation, tariffs, politics, and the government shutdown are also weighing on the consumer and limiting big-ticket spending plans.

A K shaped economy describes a post-crisis recovery where different parts of the economy and society are performing at sharply diverging rates, forming the two arms of the letter “K.”:
  • The upper arm (going up): Sectors, companies, assets, and people that benefit from the recovery and, in many cases, are wealthier than before the pandemic. This includes investors in technology stocks, big tech companies, the luxury sectors, high-income professionals, and asset owners.
  • The lower arm (going down): Sectors, small businesses, and people that continue to decline or stagnate even as the overall economy appears to improve. Examples include: the hospitality and travel industries, many lower-priced retail outlets, low-wage service workers, small businesses, and many middle-class and lower-income households.
The graph below showing the stark divergence between the S&P 500 and the University of Michigan consumer survey best depicts the K shaped economy.


You can make similar K shaped plots comparing stock markets, GDP, and megacap corporate profits versus small business closures, wage growth for low-income workers, and economic activity in the manufacturing sector.

The question is - how do the jaws of that widening alligator's mouth snap shut? Sentiment surge or equity purge?
Saludos.

Y curiosamente la variante de la gripe que se ha colado este año es la variante...K 
« última modificación: Hoy a las 17:57:26 por senslev »
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conejo

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Otoño 2025
« Respuesta #3272 en: Hoy a las 17:57:29 »

Ahora mismo en La Sexta…


senslev

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Cadavre Exquis

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Otoño 2025
« Respuesta #3274 en: Hoy a las 19:56:14 »
https://www.eldiario.es/cultura/debate-abundancia-debe-izquierda-atajar-problema-vivienda-ganar-elecciones_1_12803142.html
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El debate de la abundancia o qué debe hacer la izquierda para atajar el problema de la vivienda y ganar elecciones

El libro 'Abundancia' de Ezra Klein y Derek Thompson ha reabierto dilemas sobre la construcción, la regulación y las prioridades en los mensajes de los partidos progresistas que también llegan a España con 'Tres millones de viviendas' de Jorge Galindo y otros

María Ramírez · 2025.11.30

Ilustración / Fede Yankelevich

En el bizarramente cordial encuentro entre Donald Trump y Zohran Mamdani hace unos días, el presidente de Estados Unidos y el alcalde electo de Nueva York coincidieron en una prioridad para la ciudad. En medio de la escena hipnótica, era fácil no reparar en la defensa que hicieron ambos de la construcción de más viviendas y la eliminación de obstáculos en la regulación.

“El presidente y yo hemos hablado de la importancia no solo de construir más viviendas, sino de asegurarse de que la regulación del sector inmobiliario sea manejable, que se pueda tramitar de verdad, y que no sea la causa de otra espera más en nuestra ciudad”, dijo Mamdani, de pie, muy tieso y con las manos entrelazadas junto a Trump, sentado y que le miraba a ratos con aire embelesado. “Una de las cosas que he descubierto hoy es que él quiere que baje el precio de la vivienda idealmente construyendo más casas”, dijo el presidente que tanto había atacado a Mamdani. “Está de acuerdo con eso y yo también. Pero si leo los periódicos, no lo veo. Hoy le he escuchado decirlo”.

Ese momento abordó durante unos segundos un debate intenso en la política pública en la izquierda de Estados Unidos, que va mucho más allá de la vivienda y que se puede trasladar con matices a España y otros países europeos. No era la primera vez, pero Mamdani estaba apoyando con sus palabras en el Despacho Oval uno de los núcleos de la “agenda de la abundancia”, llamada así a partir del libro de los periodistas Ezra Klein y Derek Thompson que ha agitado al Partido Demócrata.

El libro debatido

Abundancia, publicado en España por la editorial Capitán Swing, ofrece una crítica y en cierta medida una guía para los demócratas -y otros partidos progresistas- con la defensa de un Estado más eficaz, más centrado en poner recursos en la construcción y en la invención que en la regulación y la redistribución de la “escasez”. La vía para que el Partido Demócrata vuelva al poder, según ellos, es priorizar las necesidades más cercanas a la vida diaria sobre otros debates, un argumento a menudo repetido por el senador Bernie Sanders, aunque no esté de acuerdo en el cómo. La tesis principal del libro es que los demócratas deben defender un Estado fuerte, pero se deben concentrar más en que cumpla las promesas que cambian la vida de la gente y para ello apostar también por una agenda más ambiciosa y más flexible de crecimiento que ponga menos trabas para “hacer”.

Abundancia tiene también algo de utopía tecnológica de un mundo de inteligencia artificial para el bien, casas sostenibles, energía limpia al 100%, cultivos verticales y carne producida en laboratorio, con una descripción que suena un poco a la novela distópica Un mundo feliz (que no lo era). El libro defiende el papel del sector público, pero también el de las empresas privadas, y critica la gestión demócrata en lugares como California, donde se ha disparado el porcentaje de las personas que duermen en la calle más que en estados mucho más pobres y con más problemas de adicción a las drogas, como Virginia Occidental, o Nueva York, con costes de construcción prohibitivos.

“Décadas de ataques al Estado han convertido a los liberales en paladines automáticos del gobierno. Sin embargo, si se cree en él, hay que hacer que funcione. Y, para que funcione, hay que ver con claridad cuándo falla y por qué”, escriben los autores en Abundancia. “Esta historia debe asentarse en ladrillos, acero, paneles solares y redes de alta tensión, no solo en palabras”.

La concentración de poder

Mamdani, del grupo socialista dentro del Partido Demócrata, es en cierto sentido una excepción en el ala más a la izquierda del partido, que critica el libro de Klein y Thompson por no insistir más en la limitación del poder de las grandes empresas y los ultrarricos. Abundancia, sin duda interesante, pero que resume ideas ya existentes, ha sido presentado como la salvación del Partido Demócrata, su perdición o el motivo de su ruptura.

“Antes de que saliera el libro, me preocupaba que su argumento fuera demasiado aceptable como para generar mucho debate”, escribe Klein en un artículo para contestar a sus numerosos críticos y en el que dice que no esperaba una brecha con aire apocalíptico en el partido.

Zephyr Teachout, catedrática de Derecho y ex candidata demócrata del ala izquierda del partido a gobernadora de Nueva York, contesta en una conversación con Klein, que los demócratas deben atender sobre todo al “problema de la concentración de poder y la manera en la que está haciendo imposible hacer cosas”.

Otros incluso ridiculizan el libro por creer que el “gran problema” del país son los “cuellos de botella” en lugar de las grandes corporaciones. Y de ahí otra reflexión de Klein: “Los demócratas no están teniendo dificultades principalmente porque elijan mensajes equivocados. Están teniendo dificultades porque no logran resolver problemas”.

También sostiene que ayuda poco dividir todas las esferas de la sociedad en buenos y malos, entre otras cosas porque en la práctica la división nunca es tan fácil de identificar: “Se pierde mucho cuando reduces los intereses complejos de la política a un simple juego de moralidad. A menudo, hay empresas en bandos diferentes del mismo asunto. A menudo, hay sindicatos en bandos diferentes del mismo asunto”.

El puzzle de la vivienda

Buena parte de Abundancia se centra en el problema de la escasez y el precio de la vivienda en las grandes ciudades. Klein insiste en que no hay nada más progresista que intentar resolver el puzzle con todas las opciones disponibles: “Si quieres ayudar a la clase trabajadora, el lugar para empezar es la vivienda. ¿Puedes arreglar el mercado inmobiliario debilitando el poder de las empresas?”

En España, el libro publicado este otoño que explora este debate en profundidad es Tres millones de viviendas de Jorge Galindo, politólogo y director adjunto del Centro de Políticas Económicas de Esade. El libro también describe cómo el marco de prohibiciones por defecto, la pasividad a la hora de construir viviendas sociales y el miedo a los fantasmas de la burbuja provocada por el exceso de crédito en la década pasada han impedido mensajes políticos y acciones más contundentes.

Ahora, según explica a elDiario.es, en España se construye lento y caro, incluso cuando interviene el Estado con recursos, y pone como ejemplo la Operación Campamento, en Madrid, y otros proyectos urbanísticos en antiguos terrenos militares donde la construcción está siendo “extremadamente dificultosa” en muchas ciudades.

Galindo cree que el debate etiquetado como “abundancia” lleva al menos desde 2019, pero que ahora está madurando por las condiciones políticas y económicas. “Es un giro que se ha ido consolidando en una izquierda que estaba demasiado preocupada por la redistribución y demasiado poco por agrandar la tarta, demasiado preocupada por protegernos contra riesgos, y demasiado poco por lo que nos estábamos perdiendo cuando no nos protegíamos contra riesgos”, explica. “En un contexto inflacionario, se vuelve más visible la importancia de focalizarnos en el crecimiento”.

Aidan Regan, catedrático de Economía Política de la Universidad de Dublín y autor de una investigación académica sobre políticas progresistas para la vivienda, también dice a elDiario.es que los partidos progresistas se deben centrar en la vivienda tirando de todos los resortes, aunque sin perder de vista que no solo basta con construir más, sino cómo y dónde hacerlo dentro de un programa claro de construcción de vivienda social.

Por ejemplo, el Partido Laborista en el Reino Unido ha apostado por la construcción de nuevas viviendas e incluso nuevas ciudades, pero su éxito depende en gran medida de mano de obra y materiales de construcción que escasean en el país del Brexit. Además, Regan ve un problema en la manera demasiado “financiera” con la que se sigue abordando el asunto.

“En el Reino Unido y, en cierta medida, en Irlanda, nadie quiere decir públicamente que quiere que bajen los precios de los alquileres y los costes de la vivienda”, explica Regan. “Porque si dicen eso, están cuestionando todo el modelo financiero sobre el que se construye la vivienda en estos países, que se basa en el supuesto de que los precios suben y se solicita un préstamo asumiendo un aumento del valor. Cualquier modelo que presione los precios a la baja tendrá que enfrentarse al sector bancario y financiero”, explica. “Al menos en el mundo angloparlante, los progresistas no quieren afrontar la realidad de que el sistema económico tiene que cambiar para que la vivienda sea asequible”.

A la vez, sí cree que parte de la solución es construir más y que los miedos a la burbuja inmobiliaria de hace 15 años en España y en Irlanda no deben parar los planes ahora.

Regan cuenta que va a menudo a Zaragoza y Tarragona y cree que España está en mejor posición que Irlanda o el Reino Unido para construir porque tiene un sector de la construcción “sólido y muy desarrollado”. “Francamente, delegaría y con gusto la construcción de viviendas irlandesas a constructoras e ingenieros españoles, porque España no solo es buena construyendo, sino que construye con alta calidad y de forma muy estética”, dice.

“Es un gran error que los partidos de izquierda en España, ya sea a nivel local, regional o nacional, se opongan a la agenda de construir más viviendas. Eso es un favor a la derecha”, explica el profesor Regan. “Pero al mismo tiempo, también es muy importante que construyamos el tipo de vivienda adecuada: viviendas de alta densidad, asequibles, con servicios y conectadas al transporte público. Entiendo por qué no se quiere volver a un modelo como el que se dio en España y en Irlanda, donde se construyeron casas en medio de la nada, donde nadie iba a vivir, y se terminó con esos activos abandonados y la burbuja de la construcción”.

También insiste en que la inmigración ha cambiado la demanda desde entonces. “Gran parte del crecimiento poblacional en España, Irlanda y el Reino Unido se debe a la inmigración”, dice. “El centroizquierda debe centrarse en la capacidad del Estado para lograr resultados y reducir el coste de la vida. Un elemento clave debe ser la vivienda”.

Los 'nimbis'

Uno de los obstáculos para la construcción viene de los llamados nimbis, del acrónimo en inglés de Not in My Backyard (NIMBY), “no en mi patio trasero”, un movimiento que empezó en Estados Unidos a finales de los años 70 contra la construcción de plantas nucleares o centros de desechos cerca de núcleos de población y evolucionó en la década siguiente hacia la resistencia a la construcción de viviendas de protección oficial, cárceles y hasta residencias para personas con discapacidad. Ahora se identifica con la resistencia de vecinos a cualquier construcción que pueda poner en riesgo el entorno natural.

Si bien uno de los ejes de Abundancia es cómo acelerar la transición hacia energías y una vida menos contaminante, otra de las grandes críticas al libro viene de ecologistas y defensores del decrecimiento como única opción.

Pero, incluso sin apostar por el decrecimiento, cabe recordar que las regulaciones nacieron para corregir los excesos del boom y la construcción del siglo pasado, que trajeron bienestar material, pero también contaminación, productos químicos peligrosos y riesgos para la salud hasta la ola de leyes que arrancó en los años 70.

Regan entiende por eso a la resistencia de la llamada agenda de la abundancia: “Es un mensaje simple. Y quizá eso sea lo que necesita la izquierda. Pero también corre el riesgo de pasar por alto cuestiones muy importantes en torno a la regulación ambiental en términos de planificación y regulación”, explica. “La pregunta realmente es: ¿podemos ser más como China y lograr resultados con rapidez, escala y a menor costo sin socavar los principios fundamentales de una democracia liberal, es decir que los procesos son importantes porque no queremos construir casas baratas que se desmoronen y generen problemas de salud, seguridad y regulación?”

La lucha para preservar los recursos naturales y la calidad de vida fue uno de los puntos que crearon divergencia respecto a la idea original de Karl Marx y la visión tradicionalmente positiva del crecimiento y la tecnología de parte de la izquierda.

“La abundancia supone un retorno a una tradición más antigua del pensamiento izquierdista”, escriben Klein y Thompson en su libro, recordando que Karl Marx y Friedrich Engels reconocían que “el capitalismo era superior a su predecesor, el feudalismo, en la producción de bienes y riqueza” y “no querían poner fin a esa revolución productiva”, sino que “querían acelerarla”. Una de las inspiraciones de Abundancia es Comunismo de lujo completamente automatizado, donde el pensador Aaron Bastani retoma la idea de un mundo más igualitario y a la vez liberado del trabajo, sostenible y con acceso a todos los servicios gracias a la tecnología. 

¿El partido ideal?

Uno de los aspectos del debate es si la gran corriente política emergente es un nuevo partido centrado en el coste de la vida y menos ligado a las divisiones tradicionales de izquierda y derecha sobre el papel del Estado o los impuestos.

Una encuesta en Estados Unidos de Strength In Numbers del periodista de datos Elliott Morris es reveladora: pidiendo a los votantes que describan en sus propias palabras las ideas de su partido ideal, el “partido” que más adeptos tiene es el centrado en el coste de la vida, el bienestar general y no “ideológico” (el 38%), por delante del que describen como de izquierda o de derecha (ambos el 26%). Esto tampoco equivale a buscar “el centro”: mirando datos de Estados Unidos, que en niveles de polarización emocional es muy similar a España, los identificados como “moderados” son una minoría.

Morris sostiene que las elecciones ya no se ganan en el centro, apelando a esos votantes menos partidistas y dispuestos a cambiar de voto, pero tampoco vale con movilizar a la minoría más convencida. Él sugiere concentrarse de manera intensa en los problemas concretos y locales, y que eso puede ser una respuesta al mensaje más destructivo, anti-establishment que ha ayudado a políticos como Trump. Los mensajes sobre el peligro para las libertades parecen tener un recorrido más limitado.

“El mensaje centrado en la democracia, aunque importante, es más difícil”, explica a elDiario.es Dorothee Bohle, catedrática de Ciencia Política en la Universidad de Viena y autora de un estudio sobre políticas de la derecha radical y la vivienda en Europa. “Las democracias liberales actuales parecen haber decepcionado mucho a los ciudadanos, la confianza en la democracia es bastante baja y a la gente que vota por los partidos de la derecha radical, aunque valoran la democracia, no se la convence fácilmente con que la democracia está en juego”.

Pero disputa que se pueda separar la agenda a favor del bienestar de los ejes ideológicos tradicionales: “Para mí, la cuestión de la asequibilidad es un asunto genuinamente de izquierdas”, dice Bohle. “El asunto pueden llevarlo partidos nuevos o más pequeños en la izquierda, ya que muchos partidos de izquierda tradicional no tienen un historial convincente en atajar el asunto... Pero es difícil ver cómo puedes hacer campaña sobre esto sin afrontar los asuntos de la redistribución y la reducción del peso del sector financiero”.

La teoría de Abundancia es que la ineficacia del Estado para mejorar la vida diaria es lo que allana el camino para el ascenso de populistas que prometen respuestas simples o incluso arrasar un sistema que los ciudadanos sienten no cumple con sus expectativas y que no merece mantenerse.

Una pregunta para el debate es si puede haber ahora más espacio para un líder autoritario que tenga un programa eficaz para resolver problemas cotidianos: es más fácil construir viviendas o carreteras si hay menos protecciones medioambientales y laborales o si hay menos libertades para oponerse a proyectos o a cuestionar la autoridad, como bien atestigua China. Si se olvidan los debates sobre derechos, igualdad y democracia ese líder autoritario tendrá incluso más fácil gobernar sin resistencia popular masiva.

Pero las voces expertas consultadas en este artículo creen que, en la práctica, ese no es el principal riesgo, al menos en Europa.

“Si la abundancia es tu única brújula puedes acabar en la falacia autoritaria”, explica Galindo. “Pero el pluralismo asociado, incluso en el debate de las ideas y conciencias, correctamente entendido es el camino hacia la abundancia”.

Regan, el profesor de Dublín, también dice que el mayor riesgo en Occidente “no es tanto que los autoritarios se apoderen de este asunto y socaven la democracia para conseguir resultados y un Estado empresarial estilo trumpiano”, sino que a medida que la vivienda es cada vez más inasequible, los ciudadanos se sienten “más inseguros, hartos y enojados” y apoyen a populistas sin soluciones.

La cuestión es qué pasa después: “No estoy segura sobre si esto va de democracia o autocracia, pero ciertamente cualquier partido de la derecha radical populista puede hacer campaña sobre la asequibilidad apuntando al exceso de regulación o corrupción”, dice Dorothee Bohle, de la Universidad de Viena. “Pero, ¿cumplirán? No creo que tengamos ningún ejemplo de esto en Europa”.
Saludos.

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