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El cierre del año suele activar una necesidad recurrente de hacer balance. No tanto por un impulso contable como por el deseo de construir un relato que dé sentido a lo vivido. Y, en los mercados financieros, esto se acentúa: doce meses de titulares, sobresaltos y momentos de euforia parecen reclamar una conclusión, como si el año pudiera resumirse en una frase definitiva.Desde el punto de vista de la rentabilidad, el ejercicio ha sido razonablemente constructivo. Las Bolsas han avanzado y los beneficios empresariales han vuelto a mostrar una notable solidez, especialmente en Estados Unidos. Una vez más, los mercados han demostrado su capacidad para desenvolverse en un entorno cargado de incertidumbre sin que ello impida a las compañías seguir haciendo lo esencial: vender, innovar, generar caja y reinvertir.Sin embargo, cuando se desciende del índice a la experiencia concreta del inversor, el relato pierde homogeneidad. No todas las carteras han atravesado el año de la misma manera ni con la misma sensación de satisfacción. En una cartera global, el comportamiento de las divisas ha introducido matices relevantes en el resultado final, erosionando parte de las rentabilidades sin alterar el valor intrínseco de los activos. La divisa actúa como un recordatorio incómodo de que, a corto plazo, la percepción puede pesar más que los fundamentos, aunque no llegue a cambiarlos.Este contexto sirve de antesala de una inquietud recurrente que reaparece cíclicamente: los mercados están en máximos históricos. La afirmación es objetiva; la inquietud que la acompaña, profundamente humana. Tendemos a leer los máximos como una señal de advertencia, como si el simple hecho de estar arriba implicara de forma inevitable una caída inminente.Sin embargo, los mercados pasan buena parte de su existencia cerca de máximos. No es una anomalía, sino la consecuencia natural de un sistema económico que crece, se transforma y se adapta. Lo verdaderamente excepcional no es alcanzar nuevos máximos, sino permanecer lejos de ellos durante largos periodos. Nuestra memoria, además, no es neutral: recuerda con nitidez las caídas y olvida con facilidad los largos tramos de avance silencioso que las preceden.Aquí emerge una de las paradojas más habituales del inversor. Aspiramos a que el patrimonio crezca, pero desconfiamos cuando lo hace. Mientras no se ha ganado, el riesgo es una abstracción; cuando se ha ganado, el riesgo se vuelve personal.A largo plazo, las cotizaciones siguen a los beneficios. No lo hacen de forma lineal ni predecible, pero lo hacen. En el corto plazo, las Bolsas pueden avanzar impulsadas por el entusiasmo colectivo; en el medio y largo plazo, la brújula que guía las cotizaciones es la capacidad de las empresas de generar beneficios. El riesgo no está en el nivel del índice, sino en que los beneficios dejen de justificarlo.Este matiz es esencial para ordenar la mente del inversor. El verdadero riesgo no reside en que los mercados estén en máximos, sino en confundir nivel con fragilidad. Esa confusión suele derivar en decisiones orientadas a eliminar la incertidumbre inmediata, incluso a costa de sacrificar el propio proceso de inversión.La tentación de esperar el momento adecuado reaparece siempre que los mercados avanzan. Sin embargo, esa búsqueda de certeza tiene un coste elevado. Los mejores días de mercado no avisan y, con frecuencia, se concentran en momentos de máxima incomodidad. Perderlos no es un accidente, sino la consecuencia directa de intentar evitar la volatilidad.Invertir a largo plazo no consiste en encadenar decisiones brillantes, sino en sostener un proceso razonablemente coherente en el tiempo. No se trata de anticipar cada giro, sino de evitar errores de suficiente magnitud como para comprometer la capacidad de recuperación. Desde esta perspectiva, permanecer invertido no es una consigna teórica, sino una conclusión práctica.Esto no implica ignorar el riesgo ni despreciar la prudencia; implica redefinirla. La verdadera prudencia no consiste en salir cuando todo parece caro, sino en construir carteras diversificadas, alineadas con objetivos reales y capaces de resistir distintos escenarios. Aceptar la volatilidad es el precio a pagar por aspirar a una rentabilidad que supere la inflación: un precio irregular y emocionalmente incómodo, pero inevitable.El ruido diario contribuye a distorsionar esta perspectiva. Cada movimiento se interpreta como una señal y cada corrección como un presagio. En el corto plazo, los titulares pueden dirigir flujos y provocar oscilaciones que amplifican más las emociones que la información. Pero ese vaivén inmediato no define el sentido del mercado. Con el tiempo, las cotizaciones reflejan un proceso más lento y acumulativo, hecho de avances graduales, pausas y ajustes, que suele dejar fuera a quienes necesitan certezas inmediatas para permanecer invertidos.El debate sobre los máximos históricos revela, en el fondo, algo más profundo que una preocupación por la valoración. Revela nuestra dificultad para convivir con la incertidumbre cuando no adopta la forma que esperamos. Nos sentimos más cómodos en la caída, porque encaja con el relato del riesgo; la subida prolongada, en cambio, nos obliga a aceptar que no controlamos ni el ritmo ni el calendario.Invertir exige asumir esa fragilidad. Aceptar que no existen puntos finales claros, que no hay momentos perfectos y que la certeza absoluta es una ilusión costosa. Exige renunciar a la tranquilidad inmediata para aspirar a un resultado mejor en el largo plazo.Cerrar el año con esta mirada no elimina las dudas, pero las sitúa en un marco más honesto. Los mercados pueden permanecer en máximos más tiempo del que anticipamos o corregir cuando menos lo esperamos. Lo único razonablemente consistente es que los beneficios sigan siendo el motor último de las cotizaciones. Mientras eso ocurra, la incomodidad formará parte del camino, no de la señal de alarma.Quizá el verdadero balance del ejercicio no esté tanto en la rentabilidad obtenida como en el recordatorio que deja sobre nuestra relación con la incertidumbre. Invertir no es eliminarla ni domesticarla, sino aprender a convivir con ella sin romper el proceso. Porque, muchas veces, el problema no es lo que hacen los mercados, sino nuestra dificultad para aceptar que no se comporten como esperamos.
Trump says US will ‘run’ Venezuela until transition of powerDonald Trump said the US would “run” Venezuela until a transition of power takes place after American forces captured strongman leader Nicolás Maduro in a dramatic seizure in Caracas on Saturday.Speaking from his Mar-a-Lago resort in Florida on Saturday, Trump said that the US would take control of the South American country “until such time as we can do a safe, proper and judicious transition”.He added that he was “not afraid of boots on the ground” in Venezuela, and said that the US was “talking to people” and “designating people” to run the country.His comments came hours after he confirmed in a post on Truth Social that US forces had captured Maduro and his wife and launched air strikes on the Venezuelan capital.Maduro has been indicted in a federal court in New York and faces charges including narco-terrorism conspiracy.Top Republicans including vice-president JD Vance have defended the legality of the move, which was not approved by congress and has been criticised by Democrats.Maduro’s capture, which Trump called an “extraordinary success”, marks the culmination of months of escalating pressure from Washington on his regime, including strikes on boats in the Caribbean and the Pacific.Trump on Saturday hailed the operation as one of “the most stunning, effective and powerful displays of American military might and competence in American history”.He added: “We’re going to have our very large United States oil companies, the biggest anywhere in the world, go in, spend billions of dollars, fix the badly broken infrastructure, the oil infrastructure, and start making money for the country.”Trump also said the US wanted “peace, liberty and justice for the great people of Venezuela”, including people living in the US who “want to go back to their country”.
Cita de: Vipamo en Enero 03, 2026, 18:25:13 pmSe supone que ahora la diáspora venezolana pudiente venderá o alquilará sus inmuebles en calle Serrano para volver a sus negocios en Venezuela?Lo mismo pienso. Una vez que la gente llega aquí y se da cuenta lo fácil que es la vida en comparación con sus países de procedencia, les da mucha pereza volver. Lo dudo mucho.
Se supone que ahora la diáspora venezolana pudiente venderá o alquilará sus inmuebles en calle Serrano para volver a sus negocios en Venezuela?
Cita de: sudden and sharp en Enero 03, 2026, 13:03:41 pmA Maduro le han entregado los "suyos"...Entregado a la policía en la comisaría de la Casa Blanca. La posición actual de EEUU es ridícula.Pretenden juzgar al dirigente de otro país, acusándolo de no-se-qué (delito de ser aliado de Putin dicen por ahí... )No entiendo nada. Quién lo va a juzgar.¿Un tribunal militar?¿Un tribunal federal?¿El congreso?Y el partido demócrata que representa al 50% de la población ¿en que posición queda?Esto es un sinvivir!!!
A Maduro le han entregado los "suyos"...
Cita de: Vipamo en Enero 03, 2026, 18:25:13 pmSe supone que ahora la diáspora venezolana pudiente venderá o alquilará sus inmuebles en calle Serrano para volver a sus negocios en Venezuela?La diáspora venezolana pudiente de la calle Serrano, ni eran refugiados, ni exiliados, ni nada de eso (*). Solo buscaban un sitio donde esconder el dinero robado a los Venezolanos. Y contestaron a una llamada que les llegó de Madrid.La misma que recibieron los fondos de inversión americanos domiciliados en Luxemburgo y con apellidos españoles, para comprar las VPOs que la Comunidad de Madrid que no podía vender a su precio (la mitad del de mercao) a la gente con necesidades de vivienda, porque quitaban clientes a las Clases Medias Extractivas.La pisitofilia española son tan mataos, que como no tiene ni un puto euro, necesitan del dinero de fondos extranjeros y diásporas pudientes para que les mantengan sus rentabilidades, en momentos en que la gente "normal" no puede acceder a sus precios. (*)la diáspora venezolana pudiente podía haber llegado perfectamente a un acuerdo con el régimen, y quedarse en Venezuela; pero prefirieron venirse a Madrid. Algo les ofrecerían además de los pisos. Ahora que los americanos se han hecho con el control del dinero de la diáspora venezolana pudiente , quizá les obliguen a desinvertir en Madrid y llevarse el dinero a Miami, siguiendo la política del America First.
Rodriguez Calls for Maduro Return After ‘Barbaric’ Act*The US conducted airstrikes in Venezuela on Saturday morning, resulting in the capture of Venezuelan President Nicolás Maduro*The US will “run Venezuela” until a safe and judicious transition is possible, President Donald Trump told reporters following the airstrikes*Maduro is being transported to New York, where he will stand trial on narco-terrorism conspiracy and drug trafficking charges*US oil companies will spend “billions of dollars” to fix Venezuelan infrastructure, according to Trump, who also said he’s not afraid of “boots on the ground” if necessary*María Corina Machado said the Venezuelan opposition is ready to assume power; separately, Trump said Machado lacks the support or respect to lead the country
https://www.bloomberg.com/news/live-blog/2026-01-03/explosions-in-venezuelaCitarRodriguez Calls for Maduro Return After ‘Barbaric’ Act*The US conducted airstrikes in Venezuela on Saturday morning, resulting in the capture of Venezuelan President Nicolás Maduro*The US will “run Venezuela” until a safe and judicious transition is possible, President Donald Trump told reporters following the airstrikes*Maduro is being transported to New York, where he will stand trial on narco-terrorism conspiracy and drug trafficking charges*US oil companies will spend “billions of dollars” to fix Venezuelan infrastructure, according to Trump, who also said he’s not afraid of “boots on the ground” if necessary*María Corina Machado said the Venezuelan opposition is ready to assume power; separately, Trump said Machado lacks the support or respect to lead the country
Guerra en la pazNo lo sabíamos, pero ahora todo indica que uno de los próximos objetivos rusos será la UE; es decir: seremos nosotrosQuien no lo ve es porque no quiere verlo: una guerra entre democracia y autocracia se libra en el mundo (o como mínimo en Occidente, o como mínimo en Europa), lo que explica que tanta gente sienta que vivimos una coyuntura semejante a la de los años treinta. Y con razón: contra lo que dice Perogrullo, la historia siempre se repite, solo que nunca se repite de manera idéntica; lo hace con máscaras distintas. En los años treinta el frente de la guerra entre democracia y autocracia estuvo durante tres años en España; hoy el frente está en Ucrania (muchos republicanos que pelearon contra Franco no creían en la exigua democracia española, como no creen en la exigua democracia ucrania algunos ucranios que pelean contra Putin; pero unos y otros defendieron o defienden la democracia, nos defienden a todos). En los años treinta las democracias occidentales abandonaron a la república española, y el resultado fueron 40 años de dictadura y una guerra mundial; ahora las democracias occidentales no han abandonado a Ucrania: algo es algo. En los años treinta la punta de lanza del autoritarismo era Hitler, cuyas intenciones estaban claras desde el principio; ahora la punta de lanza es Putin, cuyas intenciones estuvieron desde el principio claras, como llevan años advirtiéndonos quienes mejor lo conocen. En 2015, Svetlana Alexiévich, autora de un libro magistral sobre la caída de la Unión Soviética (El fin del ‘Homo sovieticus’), afirmaba que Rusia “es una amenaza para todo el mundo civilizado, el triunfo de una filosofía incluso más peligrosa que la soviética; están listos para entrar en cualquier conflicto armado, a solucionarlo todo a través de la guerra, a aplastar al otro. Chechenia, Georgia, Siria, Crimea, Ucrania… No sabemos cuál será el próximo país al que Putin envíe el ejército”.No lo sabíamos hace 10 años, pero ahora todo indica que uno de los próximos objetivos rusos será la UE; es decir: seremos nosotros. No lo digo yo: lo repiten responsables europeos de primera fila, como el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, o el jefe del Estado Mayor francés, general Fabien Mandon, que auguran un ataque frontal ruso hacia 2029. Los oblicuos ya han empezado: Moscú emprendió hace tiempo una guerra híbrida contra países europeos fronterizos (y no fronterizos), con drones sobrevolando infraestructuras vitales, explosivos enviados a aeropuertos y ciberataques y campañas de desinformación destinados a sembrar el caos y favorecer a sus comparsas europeos, como la AfD, el partido de extrema derecha alemán. “No estamos en guerra”, ha declarado Friedrich Merz, canciller de Alemania. “Pero ya no estamos en paz”. Y lo peor es que, a diferencia de lo ocurrido en los años treinta, ahora Europa no puede confiar en un Estados Unidos que, con Trump al frente, por momentos deriva hacia la autocracia, o coquetea con ella: lejos de combatir a Putin, Trump se ha aliado con él y con el nacionalpopulismo europeo para desarticular la UE, convertirla en una colonia libre de trabas para los negocios de sus oligarcas (“Hay que abolir la UE”, proclama Elon Musk) y acabar con el fortín más sólido de la democracia en el mundo, o al menos el único que puede hacerle frente —de ahí que esté obsesionado con él—, el pilar básico de un orden internacional regido por las normas del derecho y no por las de la fuerza, que son las que él pretende instaurar.¿Puede hacer algo la UE ante esta múltiple ofensiva contra ella (con China al fondo)? No solo puede: debe hacerlo; y, además, sabe lo que hay que hacer (solo falta hacerlo): de entrada, respaldar a Ucrania, aplicar los informes Letta y Draghi para concluir el mercado único y mejorar la competitividad, y emanciparse del todo y cuanto antes de Estados Unidos; luego, o mientras tanto, construir una Europa federal, capaz de conciliar la unidad política con la diversidad lingüística y cultural y de convertirse así en el proyecto político más potente, revolucionario y ambicioso de nuestro siglo, el único que puede garantizar, como en los años treinta, la victoria de la democracia sobre la autocracia. Quien no lo ve es porque no quiere verlo.