[Reflexión sobre la inflación.— En España, hay una inflación percibida muy superior la inflación observada (la oficial), que a su vez es muy superior a la inflación realmente existente.
La inflación es el alza generaliza de los precios, pero se percibe individualmente como «mi pérdida de poder adquisitivo». Sin embargo, todo individuo, 'siempre y en todo lugar', carece de información sobre todos los precios de la economía.
Cada señorita Pepis solo debiera hablar de su pequeño mundo de señor Feliciano y de sus fantasías animadas de ayer y hoy.
Es más, actualmente, la 'inflación realmente existente' en la eurozona está en mínimos, ¡con la que está cayendo! Incluso, para muchísimos eurozoneros, dado su presupuesto individual de ingresos y gastos, hay desinflación, cuando no deflación.
La culpa de esta distorsión la tiene el desquicie de la ESTAFA del Ladrillo —con el delirio anglo de telón de fondo—. Los valores de catálogo para el gran público no dejan de crecer, pero los operadores profesionales están aplicando inmensos rebajones en sus operaciones de racionalización. Así, la retórica engañosa se ha instalado peligrosamente en un catastrofismo que trasciende lo político.
¡No se dejen llevar!
En los negocios, por este sesgo mierdista, muchos están tomando decisiones —que benefician inmensamente a otros—, decisiones que se van a lamentar grandemente en el próximo futuro, desde adquisiciones de bienes y servicios comunes hasta operaciones de reestructuración bancaria o empresarial, pasando por el sobreturismo y, por supuesto, el timojuego del Ladrillo.
Tenemos una sociedad asustada con la vacuidad de sus 'himbersiones', que se niega resentidamente a dar su brazo a torcer, pero que imbécilmente actúa contra lo que siente en su fuero interno. El resultado es una sociedad ideal para ser ESTAFADA, para regocijo de rocamboles.
Piensen, por ejemplo, en cómo las familias ucranianas entregan la vida de sus mejores hijos o en cómo los venezolanos aceptan la humillación nacional, por no hablar de la genuina esclavitud laboral que están admitiendo los argentinos, que cobran sus salarios en moneda nacional, mientras sus empleadores, que ahorran en una moneda extranjera, especulan con esta contra aquella.
¿Ustedes qué inflación creen que hay de verdad?]