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Autor Tema: PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Primavera 2026  (Leído 77523 veces)

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tomasjos

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Primavera 2026
« Respuesta #465 en: Hoy a las 16:02:53 »
Progresismo y conservadurismo https://share.google/bcb2Le2LxSAZ7WGTB
Cuelgo este artículo porque me parece un ejercicio de sensatez poco frecuente en estos tiempos


Progresismo y conservadurismo
La democracia preconizada por progresistas y conservadores "auténticos" está abocada al fracaso. Sólo la democracia impura puede evitar la violencia a la larga
Foto: Una persona hace ondear una bandera de la Unión Europea en Málaga. (
Una de las causas de la decadencia de Europa, según la interpretación de sectores conservadores hostiles hacia la UE, es el olvido de sus raíces cristianas. Los que comparten este diagnóstico contemplan con cierta envidia la reinvención de la Rusia postcomunista bajo la guía de Putin y, entre los más extremos, no parece que la guerra de agresión rusa contra Ucrania incomode en exceso. Se aprecia entre ciertos conservadores una gran animadversión hacia el inmigrante, no solo el que ha llegado de manera ilegal. El énfasis en la recuperación del legado cristiano de Europa suele ir teñido de un intenso sentimiento antimusulmán, y de una especial inclinación hacia Israel con independencia de las políticas que adopte, del que se admira su lucha contra el extremismo islamista. Si hay un ámbito en que se critica especialmente la deriva anticristiana de Europa, es en la normalización de la homosexualidad y, especialmente, de la transexualidad. Finalmente, el movimiento provida, muy implantado entre ciertos círculos conservadores, considera una aberración la aceptación del aborto.
En el espectro ideológico opuesto, autocalificado de progresista, se defiende con vehemencia aquellos puntos que centran la crítica conservadora contra la deriva anticristiana de Europa, especialmente todo lo relacionado con la ideología de género, la no discriminación por razón de la orientación sexual y el derecho al aborto. Se abraza un pacifismo incondicional, se enjuicia a Israel con especial severidad, sin importar si no se aplican los mismos baremos para juzgar actuaciones similares de otros países, y se rechazan políticas represivas de la inmigración ilegal. En el extremo de este sector ideológico, existe también una actitud hostil hacia la UE, por servil a los intereses del capital. ¿En qué posición queda la Iglesia en este debate tan enconado? Solo algunas iglesias están plenamente identificadas con los respectivos campos ideológicos. Así, la ortodoxa rusa está en total sintonía con todos los postulados del sector conservador más extremo, y algunas confesiones protestantes, como ciertas representantes de la Iglesia presbiteriana y episcopal, se alinean en buena medida con el sector progresista. La principal Iglesia por número de fieles, la católica, no encaja nítidamente en ninguno de estos dos bandos, pues en aspectos como la moral sexual y la defensa de la vida del feto coincide con los planteamientos conservadores, pero en otros, como la no demonización del inmigrante y su defensa del diálogo interreligioso, parece estar en sintonía con el sector progresista. Ante la paradoja de la Iglesia católica, la reacción de conservadores y progresistas es muy reveladora. Como la historia europea se ha desarrollado en su mayor parte bajo una cosmovisión cristiana, el conservadurismo no tiene más remedio que aceptar la posición central de la Iglesia en la sociedad, aunque no ahorra críticas hacia "papas progres", como desde luego se considera a Francisco. Del lado progresista, se critica a la Iglesia por ser una institución retrógrada por fomentar la discriminación contra la mujer y los homosexuales, por encubrir los abusos sexuales del clero y también por alejarse del verdadero mensaje evangélico, aunque conceden que este mensaje encuentra eco en algunos papas sensibles a él, como lo fue Francisco. La contrafigura de Francisco se encuentra encarnada, para uno y otro sector, por el papa Juan Pablo II.

La dificultad de encajar a la Iglesia católica en uno de los dos bandos no es muy diferente a la de incluir a una gran mayoría de ciudadanos europeos de manera inequívoca en uno u otro. Para empezar, en ambos campos es mayoritario el apoyo al proyecto de integración europea. También lo es el apoyo a la causa ucraniana. Existe un porcentaje considerable de conservadores que ha aceptado la normalización social de la homosexualidad y del aborto, pero que discrepa de los excesos de la ideología de género, como hacer del sexo un constructo social sin ninguna justificación biológica, y que, sin negar que el aborto es un derecho de la mujer, no comparte que se convierta en el elemento definitorio del verdadero feminismo. Asimismo, no todo conservador tiene un planteamiento hostil hacia la inmigración, sino solo hacia la ilegal, y admite las dificultades para distinguir entre la causada por razones económicas y la originada por supuestos merecedores de protección internacional, que apoyan en caso de que se demuestre la existencia de dichos supuestos. Por su parte, entre los progresistas templados se podrían discernir posiciones similares. En el fondo, la polarización a la que asistimos en las sociedades occidentales, y desde luego en las europeas, es, primordialmente, el intento de negar valores comunes a toda la ciudadanía. Por eso, los más extremos de uno y otro campo no se consideran tales, ya que eso indicaría que hay un amplio centro en que la diferencia de valores no es tan marcada como propugnan, y de ahí que los extremistas prefieran ser calificados como los auténticos conservadores y progresistas, respectivamente. Los conservadores y progresistas templados, dispuestos a llegar a acuerdos con sus rivales ideológicos, son tildados por los extremos de su campo de "cobardes" e incluso de "quintacolumnistas" y "traidores". Los extremistas cifran parte de su misión en rescatar a los hermanos ideológicos del error, en evitar que caigan en la tentación de los cantos de sirena de los moderados del sector opuesto y en defender la pureza ideológica frente a la impureza de la mezcolanza. De ahí que utilicen denominaciones que dan a entender que todo el campo contrario aglutina a la radicalidad, como "zurdos" o "socialcomunistas" por una parte, y "fascistas" o "ultras" por otra, en una acción preventiva para disuadir a los moderados de su campo que intenten comprender en vez de demonizar a una parte del bando "enemigo" o, peor aún, que pacten con él.
Foto: estados-unidos-europa-trump-alianzas-1hmsOpinión

Los conservadores y progresistas auténticos se consideran los verdaderos demócratas, porque defienden ante el electorado los valores en los que creen sin medias tintas y proclaman su determinación de no transigir en su defensa. El amor a la nación propia, cuando es exagerado y se convierte en el valor que colora los demás, pasa a ser la vitola inconfundible del conservador auténtico o del progresista auténtico, siempre que, en el primer caso, la nación tenga reconocimiento estatal, o que no lo tenga, en el segundo. Sucede que los nacionalistas de perfil conservador sin Estado propio quedan en tierra de nadie: ni progresistas, porque rechazan muchos de sus postulados, ni conservadores, porque no reconocen una legislación que consideran injusta y están dispuestos a saltársela con tal de conseguir el bien supremo del Estado propio. Los conservadores y progresistas auténticos están llevando a la democracia a un callejón sin salida en toda Europa y más allá. La democracia es el sistema de los impuros por antonomasia, basado en una negociación y transacción perpetuas. La posición de partida nunca es dogmática, salvo en lo que concierne a unas reglas del juego que sólo pueden modificarse previo acuerdo y unos pocos valores de los que sólo es concebible una evolución a largo plazo. Si los "auténticos" de entre los conservadores y progresistas terminan imponiéndose en sus respectivos campos, reputarán el gobierno de su país (o, en el caso de la UE, del continente) ejercido por el bando enemigo como una calamidad sin paliativos ni matices, aceptando cualquier medio, incluida la violencia, para salvar al país o a Europa de la degeneración irreversible. En toda Europa se aprecia una deriva semejante, y España no es una excepción. En distintas circunstancias y épocas, ha habido precedentes de lo que estamos viviendo y, cuando se le ha dado rienda suelta, la deriva ha terminado desembocando en la justificación de la violencia si se trata de imponer la verdad propia frente a la ajena. Nos encontramos en un punto de esta evolución en que la mera etiqueta que engloba a uno y otro campo está generando reacciones viscerales de rechazo: el calificativo conservador, a ojos del progresista auténtico, genera rechazo inmediato porque sólo encubre la pretensión de conservar privilegios injustos; el adjetivo progresista, a ojos del conservador auténtico, provoca repulsa porque encierra un falso progreso sin norte, abocado a la destrucción de la sociedad.

Más arriba mencioné al cristianismo y a la Iglesia, sobre cuyo papel y misión difieren ambos campos de manera llamativa. La recta interpretación de cuál ha sido este papel y misión podría ofrecer un principio de entente si se acepta que la cuestión de los valores en Occidente ha conocido un camino de ida y vuelta. Los valores cristianos son el zócalo de los considerados arquetípicos de Occidente, tras haber sido pasados por el tamiz de la secularización. Una vez secularizados, estos mismos valores han influido sobre la manera cristiana de entenderlos. Quiero decir, el proceso de secularización ha permitido a las Iglesias cristianas, en mayor o menor medida, librarse de adherencias históricas que habían ido adquiriendo por el camino, fruto de la imbricación entre el cristianismo y el poder político que se produjo a partir de la conversión del emperador Constantino en el siglo IV de nuestra era. La secularización ha acercado a casi todas las Iglesias cristianas de nuestra época a aspectos del mensaje evangélico que habían descuidado durante siglos, como la atención preferente a las víctimas de todo tipo, siguiendo el ejemplo de la víctima que fue su fundador. Este proceso ha facilitado la universalización de su mensaje, de la misma manera que la secularización hizo posible que valores ligados al cristianismo puedan ser considerados universales (entre otras razones, porque también impregnan las otras grandes religiones). El progreso y el espíritu conservador son elementos importantes de la doctrina cristiana que cambiaron de sentido con la secularización. El progreso no es sino la esperanza en un futuro mejor, que cuando imperaba la cosmovisión cristiana del mundo significaba el del más allá, pero que, con la secularización, ha pasado a focalizarse en nuestro mundo terrenal. El espíritu conservador en el cristianismo no es sino fidelidad a la tradición que se remonta a la predicación del fundador y a la interpretación que de su mensaje hicieron sus discípulos más próximos y también, posteriormente, otros intérpretes y reformistas cualificados. También la tradición es, y en eso hay acuerdo en todas las Iglesias sin apenas excepciones, la validez de la doctrina que acordaron los siete primeros concilios universales o ecuménicos. Con la secularización, el conservadurismo político se aferró a la tradición como freno ante cualquier cambio, dando por sentado que presente y futuro tendrían que estar determinados por el pasado, que se reputa siempre mejor que lo que lo pudiera sustituir.
En el fondo, entendidos en su recto sentido, progreso y conservadurismo remiten a dos actitudes básicas en las que el cristianismo se basó, que legó parcialmente a la cosmovisión secular del mundo, y que esta debería entender en su pleno significado, que no es solo religioso. El progresismo entendido como esperanza en un mundo mejor es una actitud que pueden compartir la mayoría de quienes se califican como conservadores. El conservadurismo entendido como importancia de la tradición, a su vez interpretada como principio de la realidad de lo que somos y es nuestra sociedad, es una actitud que pueden compartir la mayoría de quienes se califican de progresistas. El cambio preconizado por la esperanza en un mundo mejor solo puede operar desde un profundo conocimiento de la realidad que es la tradición. No toda tradición, ni mucho menos, debe cambiarse. Ni toda tradición susceptible de ser modificada ha de serlo a un mismo ritmo.
 esperanza en un mundo mejor y de fidelidad a una tradición apreciada en términos generales. La mejor política —entiéndase, la mejor democracia— consiste en articular estos dos sentimientos de la manera menos disruptiva posible y que genere el mayor consenso, aunque la unanimidad sea inalcanzable por utópica. En otras palabras, la única política que de verdad puede satisfacer los anhelos de su comunidad, si bien de manera imperfecta, es aquella en la que el protagonismo recae en los conservadores que abrazan la esperanza en un mundo mejor y en los progresistas que aprecian la tradición de lo que merece la pena retenerse. Mejor aún: en los conservadores que reconocen que su esperanza tiene muchos elementos en común con la que mueve a muchos progresistas, y en los progresistas que admiten que su apego a la tradición tiene muchos elementos en común con la que interpela a muchos conservadores. De esta manera, orillando la esperanza exclusiva y excluyente de los progresistas auténticos y la tradición incompartible e inmutable de los conservadores auténticos evitaremos el escollo de la democracia "auténtica", la más pura posible y de la que sobra el bando enemigo, para quedarnos con la democracia a secas, impura y mezclada, pero de lejos el mejor antídoto contra la violencia.

 

« última modificación: Hoy a las 16:06:58 por tomasjos »
La función de los más capaces en una sociedad humana medianamente sana es cuidar y proteger a aquellos menos capaces, no aprovecharse de ellos.

Ceterum censeo Anglosphaeram esse delendam

Derby

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Re:PPCC: Pisitófilos Creditófagos. Primavera 2026
« Respuesta #466 en: Hoy a las 16:47:17 »
https://www.baha.com/WH-requests-dollar15T-for-defense-in-2027-budget-proposal/news/details/66010882

Citar
WH requests $1.5T for defense in 2027 budget proposal

United States President Donald Trump's administration revealed its proposal for the full-year 2027 budget, requesting a total of $1.5 trillion for defense, a document posted by the White House showed on Friday.

In the 2026 budget, the digit was at $1 trillion, making this an increase of 50%. "Of this amount, the Budget includes $1.1 trillion in base discretionary budget authority specifically for DOW [Department of War] in 2027. The Budget also includes a request for $350 billion in additional mandatory resources through reconciliation for critical Administration priorities such as increasing access to critical munitions and further expansion of the defense industrial base," it was detailed in the document.

Meanwhile, nondefense spending is expected to be reduced by 10% or $73 billion. According to the proposal, savings will be achieved by minimizing or eliminating "woke, weaponized, and wasteful programs," alongside returning state and local responsibilities to their respective governments.
“Everything can be taken from a man but one thing: the last of the human freedoms — to choose one’s attitude in any given set of circumstances, to choose one’s own way.”— Viktor E. Frankl
https://www.hks.harvard.edu/more/policycast/happiness-age-grievance-and-fear

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