15/05/2026: DIA DEL DESAMPARO DE TAIWÁN.—
https://www.youtube.com/watch?v=Z9m-J-cOBRU«
Trump advierte a Taiwán contra cualquier declaración de independencia tras reunirse con Xi Jinping».
Estamos ante el reconocimiento explícito de que, para EE. UU., China ya casi es la potencia hegemónica.
El implícito fue anteayer, cuando Xi Jinping le habló a Donald Trump de 'la trampa' ante la que se encuentra EE. UU. (la
trampa de Tucídides).
Tucídides, historiador ateniense, interpretó que el ascenso de Atenas y el miedo que eso provocó en la hegemónica Esparta fueron la causa profunda de la guerra.
China sería Atenas (potencia ascendente) y
Estados Unidos, Esparta (potencia hegemónica).
Xi no ha usado el concepto para decir que la guerra es inevitable, sino para advertir de que, si EE. UU. sigue tomando
decisiones agresivas acabará provocando precisamente lo que China quiere evitar.
Atenas crecía económica, naval y tecnológicamente. Esparta seguía siendo poderosa, pero ya no tanto. La guerra del Peloponeso no empezó directamente con Atenas y Esparta cara a cara.
EE. UU. teme perder la hegemonía del Pacífico. China teme el cerco militar, económico y tecnológico estadounidense. Y EE. UU. está haciendo ruido en Ucrania, Oriente Medio, Caribe, Irán, Mar de China Meridional... ¿Taiwán?
De todas las zonas de conflicto de la actual fase de la, en nuestra modesta opinión,
Gran Guerra Global De/Por el Dólar, la más relevante es
Irán porque es capaz de desencadenar la escalada 'de Tucídides'.
China depende enormemente del petróleo del Golfo Pérsico.
Irán es socio estratégico de China y de Vladimir Putin.
EE. UU. mantiene presencia militar dominante en la región.
El estrecho de Ormuz es un cuello de botella energético mundial.
Cualquier choque serio con Irán tiene implicaciones globales inmediatas.
Hay otra derivada por la que es pertinente la invocación de la trampa de Tucídides: «
el que mucho abarca...».
Atenas terminó debilitándose por guerras interminables, gastos elefantiásicos, polarización interna, presión sobre/de los aliados, arrogancia estratégica... demasiados frentes abiertos.
Hay supermegahiperendeudamiento estadounidense.
Hay fatiga militar en el lado estadounidense.
De la polarización interna en EE. UU. y la UE, mejor ni hablar, con la vivienda imposible para la mayoría de la población.
Y EE. UU. se resiste a dar la corrección valorativa global del dólar, proceso que tiene pendiente desde hace ya va para medio siglo.
Mientras tanto, China intenta demostrar todos los días su paciencia, a la vez que da fe de su potencia comercial y tecnológica, y de su capacidad militar.
Pero existen armas nucleares, interdependencia económica masiva y mecanismos diplomáticos —que EE. UU. ha olvidado con su 'usexit'—.
La trampa de Tucídides es una advertencia, sí, pero puede convertirse en una profecía autocumplida si todos creemos inevitable la guerra.
Xi, quiero decir, el partido comunista chino, ha evaluado todo. No cabe duda. La invocación del 'la trampa' es un aviso, a la vez que una maniobra diplomática. Están diciendo: «
China ya es una gran potencia comparable a EE. UU. y, si Washington intenta frenarnos, como hace con la UE —o Esparta intentó hacer con Atenas—, el resultado puede ser catastrófico, razón por la cual ha de pactarse la coexistencia».
Está claro que la nueva era pospopularcapitalista, de capitalismo planificado, viene con un sistema
multipolar encabezado por China.
El escenario alternativo es una transición hegemónica violenta, enmascarada hoy en guerras 'proxy' y conflictos regionales, pero que esta vez ganaría Atenas con la complicidad de los bichos espartanos hartos de comer mierda y con la ayuda de los rusos y los persas.
Trump probablemente desconoce que Esparta no habría ganado la guerra del Peloponeso sin la decisiva ayuda de los persas (imperio aquémida), persas que hoy están con la nueva Atenas.