LA GRAN ILUSIÓN DEL CRÉDITO PRIVADO EMPIEZA A RESQUEBRAJARSEDurante más de una década, el sistema financiero global ha vivido una transformación silenciosa. Mientras los bancos reducían su apetito por el riesgo tras la crisis financiera de 2008, un nuevo ecosistema de prestamistas emergía en los márgenes del sistema regulado. Hoy ese universo, conocido como deuda privada, se ha convertido en uno de los pilares del crédito corporativo. Pero los recientes episodios de tensión sugieren que parte de su estabilidad podría haber sido más aparente que real.
El vacío que dejaron los bancosTras la crisis financiera global, los reguladores impusieron a los bancos mayores requisitos de capital y límites al apalancamiento. Normativas como Basilea III y la ley Dodd-Frank en Estados Unidos pretendían evitar que el sistema bancario volviera a asumir riesgos excesivos.
El efecto colateral fue la retirada progresiva del sistema bancario de segmentos enteros del crédito corporativo, especialmente el destinado a empresas medianas o a operaciones de adquisiciones apalancadas.
Ese vacío fue ocupado por fondos de inversión y gestoras de activos que operan fuera del perímetro bancario tradicional: el llamado shadow banking. En poco más de una década, el crédito privado ha pasado de ser un nicho a convertirse en un mercado global de más de 2-3 Trillones de dólares.
Gigantes de la gestión alternativa como Blackstone, Apollo Global Management, Ares Management, Blue Owl Capital, o KKR se han convertido en algunos de los mayores prestamistas corporativos del mundo.
La promesa de estabilidadDurante años, la deuda privada se ha vendido como una clase de activo superior: mayores rendimientos que los bonos tradicionales y menor volatilidad que los mercados públicos.
Pero esa estabilidad tiene una explicación menos tranquilizadora.
Los préstamos en los que invierten estos fondos no cotizan en mercados secundarios líquidos. En muchos casos, son los propios gestores quienes determinan periódicamente el valor de los activos en sus carteras.
El resultado es lo que algunos analistas describen como “volatilidad suavizada”: las valoraciones se mueven poco, no necesariamente porque el riesgo sea bajo, sino porque no existe un mercado transparente que fije el precio real.
El problema de la liquidezLa otra tensión estructural surge del propio diseño de muchos vehículos.
En los últimos años, las gestoras lanzaron fondos semi-líquidos que prometen a los inversores la posibilidad de retirar capital de forma periódica —generalmente hasta un 5% del capital por trimestre— pese a invertir en activos claramente ilíquidos.
Ese desajuste entre liquidez prometida y liquidez real está empezando a manifestarse:
El primer aviso: Blue OwlEl primer episodio significativo llegó con Blue Owl Capital, cuyos fondos de crédito experimentaron solicitudes de retirada muy por encima del límite trimestral del 5%.
La firma tuvo que restringir retiradas en uno de sus vehículos dirigidos a inversores privados, lo que generó preocupación en todo el sector. En algunos fondos del mercado se registraron solicitudes de salida de hasta 15% del capital, muy por encima de los niveles habituales.
BlackRockPoco después, el fondo de crédito privado de BlackRock, con aproximadamente 26.000 millones de dólares, recibió peticiones de reembolso equivalentes al 9,3% del capital, casi el doble del límite permitido.
El fondo tuvo que prorratear las retiradas y diferir parte de los pagos, mientras que su valor liquidativo cayó cerca de un 19%.
BlackstoneLas tensiones alcanzaron posteriormente al mayor gestor de activos alternativos del mundo.
El Blackstone Private Credit Fund (BCRED) de Blackstone, con unos 82.000 millones de dólares, registró salidas récord cercanas a los 3.700 millones. Para evitar restricciones más severas y atender las solicitudes de liquidez, la firma llegó a inyectar unos 400 millones de dólares de capital propio.
CliffwaterEl siguiente episodio se produjo en Cliffwater LLC, cuyo fondo de crédito privado de 33.000 millones de dólares recibió solicitudes de retirada cercanas al 14% del capital en el primer trimestre.
El gestor limitó los pagos al 7% del capital, superando el límite habitual del 5% pero aún muy por debajo de las solicitudes recibidas.
Morgan StanleyEl episodio más reciente llegó ayer. El fondo North Haven Private Income Fund, gestionado por Morgan Stanley y con unos 7.000 millones de dólares, recibió peticiones de reembolso equivalentes al 11% del capital.
Siguiendo sus reglas de liquidez, el fondo solo pudo pagar el 5% permitido, difiriendo el resto para periodos posteriores.
El mercado empieza a descontar el riesgoLas tensiones en el crédito privado ya se reflejan en las cotizaciones bursátiles del sector.
En lo que va de 2026, las principales gestoras alternativas han sufrido caídas significativas:
Apollo Global Management: alrededor de -27%
Blackstone: aproximadamente -32%
Ares Management: cerca de -37%
KKR: cerca de -32%
Blue Owl Capital: alrededor de -41%
Algunos episodios recientes ilustran la magnitud del ajuste: en apenas un mes, Blackstone cayó un 21%, Ares cerca de un 20%, y KKR alrededor de un 18%.
¿El inicio de una restricción crediticia?El impacto potencial va más allá de los inversores.
Durante años, la abundancia de capital en la deuda privada permitió financiar adquisiciones, proyectos corporativos, y empresas medianas con relativa facilidad.
Muchas compañías que antes dependían de los bancos encontraron en estos fondos un prestamista dispuesto.
Pero si las salidas de capital continúan, los gestores podrían verse obligados a reducir la concesión de nuevos préstamos o endurecer las condiciones de financiación.
Eso implicaría una restricción del crédito en segmentos del mercado donde la deuda privada se había convertido en el principal proveedor de financiación.
La posible ficha de dominóEl crédito privado ha prosperado durante más de una década en un entorno de liquidez abundante y fuerte demanda por activos de mayor rentabilidad.
Pero el sector nunca ha sido probado en un escenario simultáneo de tipos de interés elevados, aumento de impagos, y retirada de capital por parte de los inversores.
Si los reembolsos continúan aumentando, los fondos podrían verse obligados a vender activos ilíquidos o restringir salidas, alimentando un círculo de desconfianza.
En ese escenario, los episodios recientes —desde Blue Owl Capital hasta Morgan Stanley— podrían no ser incidentes aislados, sino las primeras fichas de dominó de una tensión más amplia en el mercado global de crédito.
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